música, vida y desarrollo
Promoción musical
Trujillo es una metrópoli de
muchas inquietudes artísticas, en sus diversas manifestaciones, aunque unas se
sobrepongan a otras por periodos y circunstancias diversas. Una de las que ha
tomado presencia importante en los últimos años es la música por la actuación de grupos en los diversos géneros y certámenes internacionales que enaltecen a
la ciudad.
Hace ya bastantes años se me
ocurrió rendir homenaje a la música en el día de Santa Cecilia, sin que la
piadosa virgen y mártir fuera el tema de ese artículo, pero sí el recuerdo y
homenaje a los cultores de este excelso arte, tan mal pagado entre nosotros,
como sacrificado su cultivo. En este ensayo vuelvo sobre el tema,
considerando lo que se quedara en el tintero entonces, extendiendo mi homenaje
al artista en general, ahora con el Reglamento de la Ley del Artista que
garantizará sus creaciones.
Música y alcohol
La música es como el alcohol,
salvando las distancias entre ellos. Nos acompañan en la tristeza y en la
alegría; en el triunfo y en el fracaso; en el nacimiento como en la muerte; en
el frío o en el calor; en el día como en la noche. Música y alcohol suelen
encontrarse y marchar juntos, de acuerdo a la ocasión. La música nos acompaña
desde que estamos en el vientre de la madre y, en ciertos casos, también a la
última morada. La música alegra nuestra infancia y mitiga nuestra vejez como
motivadora de recuerdos felices e infelices. La música desarrolla, vigoriza y
enaltece. El alcohol consume, debilita y envilece si de él se abusa. Música sin
alcohol es alegría, compañía, meditación, limpieza espiritual. Alcohol sin
música es aprensión, ilusión de vencer frustraciones o fracasos, batalla contra
monstruos escondidos, en fin, vicio maldito que consume los beneficios que el Señor y la naturaleza
regalan a la condición humana elevándola sobre el instinto animal. La música es
el mejor vehículo para que la oración se eleve al Señor. El alcohol es el mejor
combustible para llegar aceleradamente al infierno en vida.
Qué clase de música
Hablando de música quisiera
ignorar y no encontrarme con musicólogos o puristas del sonido ni con fanáticos
de tipos y estilos o de escuelas o periodos. Sólo quisiera intercambiar ideas y
opiniones con los que gustan de la música de todos los tiempos y lugares. La
música es mensaje generacional, expresión del alma nacional o de aspiraciones
universales. La música es belleza, dependiendo del cristal con que se la mire.
No me atrevería a decir, objetivamente, que existe música desagradable. Sólo sé
que hay música en todo lo que nos rodea: en el discurrir del arroyo, en el
susurro de las hojas, en el silbido de los vientos y en el trinar de las aves;
también en el trajinar de las gentes, en el funcionar de toda clase de máquinas
y hasta en el tronar de balas y cañones. ¿Cuál de estos sonidos es preferible?
¿Quién podría decirlo?, pues el mismo
oyente en la ocasión y en el momento propicios.
Audición e imaginación
No faltan aquellos que no desean
y hasta repudian toda música que no sea la conocida como música culta (barroca,
clásica, romántica o contemporánea), tampoco faltan los otros a quienes se les
pone la piel como carne de gallina al escucharla. Son extremos infelices,
prisioneros de algún prejuicio o, simplemente, mutilados musicales. Cuán
infeliz debe ser quien no sienta pulsar sus sentidos o le discurra una lágrima
de los ojos o se le dibuje una sonrisa en los labios al escuchar la antigua
canción de cuna, viva aún en el fondo de su subconsciente o imaginar o recordar
una melodía o articulación de sonidos que sin perturbación auditiva le llegue a
este sentido como código de sus
vivencias o de sus aspiraciones. Es asunto de virtud auditiva y sensibilidad
personal. Lo inadmisible es degenerar la música con gritos destemplados o
exageradas unidades de sonido.
¿Cuán lleno de consuelo habrá
sido el mundo de Beethoven, aun en la desesperación de su sordera imaginando la
música que no pudo escuchar? ¡Qué triste debe ser el mundo de los sordos sin
imaginación! Cuánto consuelo habrá encontrado Felipe Pinglo en sus alucinaciones,
buscando las notas y las letras de sus tiernos o alegres valses, mitigando los
dolores de su cruel enfermedad.
Vida y música
La música es como la vida y cada
expresión es un mundo de impresiones y vivencias. Domina los sentidos y llega a
las zonas misteriosas del ser humano. Activa el recuerdo, exalta la esperanza y
motiva el optimismo. Creo que el animal se humaniza cuando siente la música y
el hombre se animaliza cuando la repudia. La vida es, a veces, alegre como un
tondero o triste como un yaraví y, entre estos momentos, alegría y tristeza, el
alivio de un vals o el romance de una balada. La vida es majestuosa como una
marcha, sencilla como una ronda, tierna como una canción de cuna y dura como
una danza guerrera. La vida es loca como el rock metálico y apacible como una
tonada pastoril. Hay música para toda ocasión y quien no la aprovecha es un
insensible o un débil mental. No será culpa de la música y que no se la
califique de fea o huachafa. Que vuelva a nacer el hombre que hubiera envejecido
sin susurrar melodía en oreja de mujer o la mujer que no hubiera suspirado
idealizando un amor en una melodía. Hay música para el espíritu y para el
cuerpo. La hay de la pacífica y de la terrible, de la efímera y de la eterna y,
como los estilos de vida, cada cual escoge la suya según sus dones y
potenciales para desarrollar vivencias o simplemente para vivir el momento.
Música y desarrollo
Un pueblo que no cante o
musicalice carece de identidad y creo imposible que en el mundo haya alguno. Se
puede definir la idiosincrasia de un pueblo, según como en él se cante o se haga música. Si en algún lugar la
costumbre es que cada cual cante o toque como se le pegue la gana, será un
colectivo orientado por la desorganización y el individualismo; pero si en una colectividad
los individuos, en las más diversas ocasiones, se organizan para cantar o
musicalizar, se confía en uno de ellos para dirigir, ordenar sus voces o los
instrumentos, ese será un pueblo solidario, capaz de organizar su desarrollo de
modo planificado y realista, seguramente más racional que sentimentaloide. Si
en algún lugar las gentes gustan de multiplicar y hasta de elevar
exponencialmente los sonidos, al punto de hacer sufrir los tímpanos y sin
importarle espacio y hora, esas gentes, seguramente, carecen de responsabilidad
y consideración para consigo mismo y para los demás; si, al contrario, en algún
lugar las gentes escuchan con calculado potencial auditivo todo tipo de música
y de acuerdo a ocasión y lugar, siempre considerando la tranquilidad de los
demás, ese es, sin lugar a dudas, un pueblo capaz de convivir de modo
disciplinado y de organizar su crecimiento y desarrollo con éxito.
Educación por el arte
Hace ya más de 30 años se
organizó y se ensayó una reforma educativa (1972) en el Perú, orientando el
proceso en un contexto al que se denominó la educación por el arte, como una
expresión del ideal platónico. Ese fue un laudable ensayo independientemente
del régimen político de entonces. Se trabajó en la formación de docencia
especializada y se insistió hasta en la adecuación instrumental a la realidad
nacional. Entonces, el país contó con el apoyo y el auxilio de pueblos
desarrollados que generosamente transmitieron las técnicas de la educación en
las diversas manifestaciones del arte y el desarrollo espiritual y físico. ¿Qué
sucedió con esa reforma? Simplemente se disolvió y se volvió a los esquemas del
sistema anterior, arguyendo la especulación fácil de que educar por el arte es
pérdida de tiempo y desperdicio vano de recursos. Bueno, no es el caso de
ponerse a llorar. En todo caso es un asunto de responsabilidad de las familias,
las que no deben perder de vista que la motivación a cultivar expresiones
artísticas, de modo ordenado y sensible, es la mejor forma de liberar al hombre
de tensiones y de impulsarlo a mejores niveles de racionalización. Sin embargo
hay que reconocer que el sistema educativo reaccionó así para mitigar ese
abandono y nos alivió con la existencia de talleres diversos para el cultivo
del arte en la organización y ejecución curricular en el proceso educativo.
En conclusión
No debiera existir centro
educativo, instituto superior o universidad que no auspicie coros, grupos
musicales y de teatro, exposiciones de pintura, escultura y toda expresión de
belleza Así mismo, es deseable que en cada junta vecinal o parroquia se
promuevan grupos artísticos, particularmente vocales e instrumentales y con
todos éstos arribar a una selección distrital y hasta provincial, de tal modo
que proyecten la imagen del alma colectiva a la que pertenecen.
No quiero concluir sin hacer
mención a los esfuerzos de la asociación que dirige Maruja Alemán, la que con
mucho esfuerzo ha institucionalizado el Encuentro Internacional de Canto Lírico
que enaltece a nuestra ciudad, lo cual no excluye a muchas otras asociaciones o
personas de buena voluntad que generosamente promueven diversos géneros
musicales y artísticos en general. A todas ellas nuestras congratulaciones.
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