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El presente Blog incluye escritos jurídicos, educacionales y comunicológicos de mi producción intelectual, como tmb escritos de otros autores.






domingo, 22 de septiembre de 2013

EL SECRETO DE LA PEÑITA. CUENTO REGIONAL

Este cuento se desarrolla en Piura, ciudad del norte del Perú, cerca de la frontera con el Ecuador. Como todo cuento tiene algo de verdad y mucho de ficción. El fondo del mismo es conducir al lector a apreciar el valor del agua y las precauciones  a tomar, respecto a las corrientes en los ríos, cualquiera que estos fueran.  También pone en el recuerdo la prepotencia de los dueños de los esclavos y el desarrollo de las relaciones humanas pese a los prejuicios de clase o color y de cómo el amor supera los prejuicios raciales e infunda valor para enfrentar lamuerte con dignidiad. NADA HAY COMO EL AMOR.



EL  SECRETO DE LA PEÑITA

Érase una vez un río, rugiente en crecida, lánguido, de cauce árido y mustio, en las épocas de sequía. El río era la alegría de paisanos, campesinos, jóvenes y ancianos. El río era todo y su ausencia era tristeza,  preocupación, desgracia de las gentes del campo y de empresarios; al fin, lo era para ricos y peor para los pobres. Su ausencia era la pobreza. Venía de lo más hondo de la sierra del Departamento de Piura (Perú), se  le llamó río Huarmaca, como que nació en la cuenca del río Huancabamba de la provincia del mismo nombre. Era el río Piura.

El río bramaba, descendiendo entre rocas, sembríos y corrales, hechos en su cauce. Pasaba por las poblaciones  en medio de la alegría de todas las gentes desde lo más alto de  la sierra hasta su encauce por la costa y su desagüe en el  mar. El río dividía la ciudad, quedando Piura a su margen izquierda y el distrito de Castilla a su margen derecha,  siguiendo el curso de su recorrido hacia el final.

Los distritos  de Piura y Castilla estaban unidos por un puente hermoso y valiente, con pérgolas en su lado izquierdo, caminando de Piura a Castilla. En el verano, los piuranos de la tercera edad reposaban en esas bancas de madera, colocadas en media luna.  Era todo de fierro, con unas poderosas bases a las que llamábamos castillos, capaces de resistir los más duros golpes, como que los resistió por largos años hasta su colapso, que se produjo por  el  ingreso de un camión con una pesada carga, en tiempos malos  para  el puente, ya envejecido y cansado. No menos sucede con los humanos, cuando el camión de carga lleva los males de la vejez y los descarga sobre el pobre viejo.  

Entre Piura y Castilla

Entonces, la llegada del río era una feria. Las campanas repicaban el anuncio de su entrada y los muchachos corrían de modo audaz por su cauce, como queriendo hacerle camino. Desde el puente  y desde las orillas, la gente les  gritaba: ¡Ya está cerca, salgan del  cauce, muchachos de mierda!  A lo largo de las riberas se alzaban los pañuelos, los picos y las palas, saludando al coloso. Los mayores y los más prudentes se agolpaban en el puente ya sea para verlo llegar y pasar con la carga que traía. La corriente arrastraba piedras enormes y toda clase de animales y árboles, sembrados  a lo largo de su lecho, mientras permaneció ausente, pues su estadía en el cauce no era de largo tiempo, su caudal bajaba paulatinamente hasta que se perdía, quedando humedad suficiente en ciertos lugares  que algunos aprovechaban para sembrar   verduras y frutales.

No obstante su enorme fuerza, el río sobrepasaba ese espigón de piedra que llamábamos la “peñita” que quedaba apenas si cubierta hasta que bajaran las aguas y el río se quejara de abandono; entonces, fugaba, pero la peñita quedaba con son triunfante, reteniendo  un charco grande, como si fuera una pequeña laguna, con más o menos altura de agua, como solaz de la misma y el  signo de su victoria. Era como si la peñita  hubiera querido detener el río y allí quedaba parte de él haciéndole coro y dándole vueltas por todo su alrededor; pero ¿por qué ese charco? ¿Por qué en ese lugar, si existían muchos en esos lares, adecuados para empozarse el agua y formar pequeñas lagunas? ¿Por qué,  el agua permanecía fresca y no se pudría o abombaba? Curiosamente,  tampoco era un nido de zancudos o de mosquitos, simplemente era como una enorme  tina de baño.

La Tina

La Tina era un espacio en el Distrito de Castilla o Tacalá, situado  a corta distancia del río. Según la leyenda, la Tina habría sido una fábrica de jabón, en medio de una hacienda y en un sector de su nombre. En las  pailas de esa fábrica de jabón se habría echado a Matalaché, como castigo al esclavo negro de quien se enamorase la hija del hacendado, una preciosa joven de tez rosada y rizado cabello. Matalaché, orgulloso de su raza, adquirido como sementero, traído sabe Dios de qué lugar del África, también, enamorado, embarazó  a esa linda perla,  en medio del fuego de ese inmenso amor y en el encuentro de dos razas.

Si La Tina fue o no, realmente, esa fábrica o una hacienda o una vieja huaca o instalaciones para hacer ladrillos, nadie podría dar razón. Había allí una rara construcción  que  parecía un horno hecho de adobes, junto con otras instalaciones, todas de barro, a modo de montículos diversos, como si se interconectaran por canales artesanales. Era un lugar  misterioso. Las gentes hablaban de  haber visto en la media noche sombras, escuchado golpes de sables, de aparecidos, vestidos de soldados españoles y de gritos de moribundos. Nunca tuve la suerte de ver ni de oír los sucesos de esos testimonios.

Ese lugar era mi  paso para ir al colegio y, mientras fui estudiante y como solía trabajar algunos días hasta muy tarde, ese era mi trayecto de regreso de Piura, pero  nunca a la media noche. Contaban, también, que se escuchaban los quejidos de los supuestos esclavos negros del hacendado y el chasquido de los azotes, dados por malvados capataces, otros negros, entrenados para esa labor. Muchos borrachos hicieron promesa de no beber más, pues los fantasmas de esos negros verdugos  les habrían amenazado con azotarlos o cortarles el cuello si continuaban con su vicio. Se contaba de un cura sin cabeza, castigado por haber pecado con  una esclava. Simplemente, el cura habría sido uno de los tantos blancos hispanos residentes en la hacienda y encargado de la parroquia o capilla y para esa gente, en aquellos tiempos, era un crimen mezclar la raza blanca con una que tenían como inferior a ella.  
No faltaron comentarios de que por los alrededores de ese horno cabalgaba a punto de la media noche un jinete endemoniado o el demonio mismo que pasaba hacia Piura, directo al parque Pizarro, ahora de las Dos Culturas, porque cerca de allí vivía su novia, la mujer del diablo.

El duende “Sibilino”

Hermosos tiempos aquéllos, de cuentos y fantasías, de aparecidos y fantasmas. Hoy, todos ellos se han ido y nos hemos  quedado con los extraterrestres y los zombis, sin haber perdido las fantasías. Hoy, es preferible encontrarse con mil fantasmas que con un vivo acechando, viejo, joven, mujer o niño; o individuo con uniforme policial o elegante o pobremente vestido, pues podría resultar un delincuente o un desesperado individuo en sequía por la falta de droga, entonces, eso sí  sería peligro real, como efectivamente lo es.
En medio de esas fantasías populares, antes, como  ahora, se sigue recordando al duende Sibilino y a esa bonita canción que, en ronda alrededor del monumento a Francisco Pizarro, cantábamos los niños: “El duende Sibilino toma sopa con comino, come pan y toma vino”. Los muchachos hacíamos apuestas sobre  quien entonaba mejor, silbando o tarareando.  Se nos asustaba con eso de que los duendes se llevan a los niños “moros”, es decir, no bautizados; pero, con la canción de Sibilino se hacían simpáticos y se les llamaba para jugar con ellos. Por supuesto, los duendes nunca llegaron, como tampoco hoy se les ve; aunque no falta quien dice haberlos visto, escondidos en una higuera, en el jardín de una casa en la que habitaba una familia con su niño no bautizado. Bautizado el niño, los duendes no tenían más que fugarse tristes y fracasados.
 
El gran secreto

Esa peñita era preocupación de las familias, pues muchos imprudentes se bañaban allí, tirándose desde la esquina de la peñita y no se les veía salir más. Durante la estadía del agua corriente, el río cobraba algunas vidas y en esa temporada, 2 se ahogaban en cualquiera de las zonas del río y 3 en la zona de la peñita. Al secarse el río,  esa lagunita capturaba a más de uno de los bañistas que a ella llegaban a refrescarse, sumergiéndoles al fondo.  ¡No te bañes en la peñita ni te acerques a ella! ¡Allí vive un demonio y te puede llevar! Era la súplica de madres y padres a sus hijos o parientes.    
Lo peor de todo, era que la peñita no devolvía los cuerpos y por más que se rastrease, los cuerpos no aparecían. ¿Qué se hacían? Siempre fue el gran misterio para todos; pero, yo llegué a saberlo, porque el duende de la peñita me contó el por qué y el dónde iban esos niños inquietos y, ahora, quiero contarles a Ustedes, pues la peñita ya no está más allí y puedo romper la promesa que le hice a ese duende.

La peñita

Tomando el camino desde la Tina, yendo directo hacia el río, se encontraba la peñita, en la orilla de Castilla, más o menos a tres cuadras  al sureste del  puente viejo, al término del  malecón de Castilla.

La Peñita era como un viejo puente preincaico o un molón para atracar las canoas, seguramente para pescar o extraer material que para algo les serviría a los antiguos peruanos.  Era un molón de medianas piedras, construidas de tal modo que durante mucho tiempo resultó casi imposible el destruirla a golpe de combos o de picos. Las piedras estaban sólidamente unidas y su unión era la fuerza de ese molón. Claro, como se dice: la unión hace la fuerza.
El agua de esa laguna se mantenía fresca y se reflejaba en ella una especie de arco iris, como resultado del lodo y de las hojas que sobre sus aguas flotaban. La rodeaban  un grupo de hermosos y frondosos sauces que se inclinaban respetuosos  ante los reflejos de las aguas que se formaban al brillo de los rayos del sol ardiente.

Las orillas de la laguna eran muy resbaladizas. Se podía caer al agua si es que no se andaba con cuidado, como en efecto muchas veces sucedió. Pobre del muchacho que resbalase y no encontrase auxilio instantáneo; pues simplemente la peñita se lo podía tragar.  

El misterio del Duende

Era tan bueno y dulce el duende Sibilino. Parecía un niño eterno, es decir de los que jamás se harían adultos o envejecerían. Le gustaba descansar debajo de las ramas de los sauces, mientras silbaba esa canción que los niños entonábamos.

Cierta noche, con el propósito de cortar camino hacia mi casa, sita en frente de la plazuela Montero, tomé como vía el cauce seco del río, cruzando desde el antiguo mercado central de Piura, en la ribera izquierda, directo hacia la peñita. Era una noche de luna llena y, para darme valor, fui cantando  el duende Sibilino toma sopa con comino/come pan y toma vino. Cerca ya de  la  peñita, una voz atiplada gritó: ¿quién me llama?  Sorprendido y temeroso dirigí mi mirada hacia todos lados y no distinguía ni una sombra. ¡Aquí estoy,  en el sauce de la peñita!, ¡acércate! Sí, era un sauce enorme, con ramas y hojas maltratadas. Sacudí el miedo y allí estaba ese enano, de cara y cuerpo de niño, como si fuera sólo el recuerdo de un adulto, pensando en lo que fue su niñez. Quise emprender la carrera, pero fue como si estuviera clavado en el lugar. Con voz temblorosa le pregunté ¿eres de este planeta o de otro mundo?
-. Ni de éste, ni de otro, estoy sobre el tiempo. Respondió burlonamente.
-.En algún lugar debes vivir, le dije intrigado.
-. Por ahora soy el guardián de este lugar y tengo un reino debajo de la peñita y, por fin, da lo mismo allí, aquí o en cualquier otro sitio. Te he dicho ya que estoy sobre el tiempo y el espacio, límites de los miserables mortales.
-. No te entiendo, Sibilino.
-. Ni lo entenderás, pobre mortal. Me verás, si yo lo quiero y tú, sólo si tienes fe. Todo es un asunto de voluntad, pero de voluntad con valor y convicción. Así es toda la vida; pues, con fe y voluntad hasta las tinieblas serán como la luz y podrás ver todas las cosas clarísimas.

Me sobrepuse al miedo, me acerqué y observándole le comenté, creía que los duendes eran enanos revejidos, con dientes filudos, orejas en punta y sombrero alón, pero vaya sólo pareces un niño, como cualquier otro. ¿Cuántos años tienes?
-.  Ni muchos para desesperarme, ni pocos para no saber nada. Lo que de mí o de los duendes se dice son cuentos de viejas chismosas que se divierten metiendo miedo a la gente.
-. Sabes mucho, Sibilino.
-. Tanto como se puede ver en el correr del tiempo y en el espacio. Aquí, en este espacio, he visto transcurrir cientos de personas y de sucesos, he visto a las hermosas princesas tallanes, correr la sangre de sus pueblos por dominadores sucesivos, he visto saciar su sed a las huestes con españolas, conquistadoras y  a los montoneros  de Piérola; también, jugar con pelota de trapo a Sánchez Cerro y a Velasco Alvarado, presidentes de tu patria; ah! Como olvidar al pintor Montero haciendo un hermoso cuadro de mis sauces y esta preciosa laguna, como, a los soldados valientes y a los temerosos entrenarse para la guerra, como si la guerra fuera juego. Siempre te he visto pasar apurado a tu casa. No te imaginas los actos heroicos y también los perversos que he visto.
-. ¡Caray! Ahora, tengo yo que estudiar todas esas cosas. Dime, Sibilino, ¿no es aburrido vivir tanto tiempo?
-. Si no se envejece y no se padecen calambres ni  dolores de huesos, es decir, si no te agarra la artritis y la artrosis, ni se te cae el cabello,  ni el pellejo se te arruga ni se te reseca, si tampoco tienes que sentir el miedo que embarga a los viejos, desesperados por sus pensiones, por las ingratitudes de los hijos que criaron o el remordimiento de los que no atendieron, es hermoso vivir eternamente.
-. Pero, eso es pedir mucho, Sibilino
-. ¿Sabes también por qué los ancianos duermen poco y se levantan temprano?
-. Ni me lo  imagino, pero conozco a  algunos vecinos de avanzados años que al parecer ni siquiera duermen y salen a sentarse a las bancas de la plazuela Montero, en frente de  mi casa.
-. Sencillo, chico,  porque temen lo desconocido, sienten que la vida se les acaba y sufren por la despedida. En fin,  si  se vive de largo y lo que llamas tiempo no se siente, no es aburrido. En buen romance, ustedes tienen que envejecer y morir porque requieren espacio para vivir. Peor todavía, nada les  parece bueno y jamás se  sienten satisfechos, se aburren pronto y beben alcohol hasta perder los sentidos. Si son rubios,  quieren pelo negro, si tienen una linda y buena mujer, quieren la  del vecino, sin importarles que ya es vieja y fea. Mejor es que mueran y vuelen a otra dimensión, no siempre cómoda y agradable para muchos. Eso dependerá del modo de vida que aquí llevaron.
-. No te entiendo del todo, Sibilino. Si así fuera; entonces  por qué lloramos cuando se nos muere alguien que queremos o que lo necesitamos.
Sibilino, calló; sacó unas hojas que tenía cerca y se las comió.

Se devela el misterio

Entonces sentí curiosidad por saber la sed de sangre de la peñita, es decir de ahogar a los bañistas. Un tanto con tono de angustia, pregunte a sibilino.
 -. ¿También sabes de los ahogados y por qué quienes aquí se ahogan no aparecen? 
-. Sé todo eso, como que estás allí parado. Ellos, los que se ahogaron, están dichosos allí, bajo tus pies; es decir, en otra dimensión. Son lo que quieren ser, frutas o flores, brisas o luz.
-. ¿También pueden ser humanos  cómo lo fueron antes?
-. Ya no, les bastó con una vez. Como Ustedes dicen: una sola vez se escaldan los gatos.
-. ¿No extrañan a su familia o a sus amigos?
-. Hay tanta miseria en el mundo, tanta maldad que es preferible ser humo que carne. ¿Te acuerdas de ese loco, llamado Manterito? Era un hombre muy bueno, trabajaba de día y de noche para darle lo mejor a la mujer de sus amores, pero ella le fue infiel y en vez de matarla, a ella y a su amante, perdió la razón y un día, quien sabe lúcido, prefirió venir aquí y ahogarse.
-. Recuerdo a Manterito y  la canción que alguien le inventó: Manterito mató a su mujer con un cuchillo del porte de él, la metió en un fardo, la llevó al  mercado y se puso a vender.
-. Eso, eso. ¿Recuerdas a la Chava?
-. Claro que sí,  la recuerdo.  Era una mujer ya de algunos años. Se iba con los soldados del Cuartel La Merced y hacían sus cosas.
-. Cierto,  era una mujer que prestaba servicios a la tropa de ese cuartel. Un día, encontró en su casa a su preciosa hija muerta y ultrajada. No resistió, tenía esperanzas de que fuera una mujer de bien y pudiera ella descansar en su vejez, pero el destino no le fue propicio; vino aquí y desesperada se ahogó. Dime, ¿qué van a extrañar? Ahora lo tienen todo, sin estar aquí.
-. Sibilino, tienes razón,  siempre escucho a los amigos de mi padre decir: La vida, aunque dura, siempre es querida  y nadie quiere perderla.
-. Esos son pura boca, muchacho. No sabes cuantas gentes invocan la muerte, desilusionados o que padecen males de males y se cansan de recibir golpes tras golpe. ¿Te has dado cuenta que los que se ahogan sin quererlo, sólo son niños? Nosotros, allá, escogemos a quienes habremos de recoger por este medio que llamas peñita y por otros muchos. Sólo recogemos a inocentes para que así se mantengan y evitarles el riesgo de sufrir la maldad o de convertirse en otros malvados, como maldades les testimonian muchas gentes y hasta sus padres, presas de vicios y de irresponsabilidad.
-. Mi hermanito, al que te llevaste, no hubiera sido de esos malvados.
-. Lo sé, pero era tan inocente, como no lo eres tú, y tan ingenuo que pronto le hubieran convencido de que tú eres un malvado, que la virtud es molesta; el trabajo, terrible; la solidaridad, estúpida; la honradez, tontería y el trabajo, un castigo, ¿te das cuenta?
-. No tenías que llevártelo, yo lo hubiera guiado, le dije, resentido.
-. Simplemente nos llevamos a los inocentes puros, para que no vivan a merced de los malvados; porque llegaron aquí convencidos por malos vecinos que los indujeron a desobedecer el mandato de sus padres de no venir a bañarse aquí. Así sucede con los niños que no tienen una pizca de malicia, fácilmente los malos los arrastran a la desobediencia y hasta al vicio, sea juego, alcohol o drogas. ¿No has escuchado ese dicho de  yerba mala no muere nunca?
-. Claro que sí, lo repiten muchos sólo por decirlo y nada más. Dime, por favor Sibilino, ¿por donde se llega a esa dimensión?, ¿cuál es la entrada por la que se deslizaron los bañistas ahogados?
-. ¡Qué pena! Me está prohibido revelarlo, salvo que tú quieras ahogarte,  haré una excepción contigo y te llevaré a esa dimensión, sumiéndonos en el barro que está al fondo de esta lagunita preciosa.
-. No, no, prefiero vivir entre los peores. Explícame, Sibilino, ¿quiénes son los peores?
-. Sencillo,  sé que también lo sabes y conoces a muchos de aquéllos que hacen llorar a sus padres, matan a los pajarillos, arrancan las flores de jardines que no son los suyos, se mofan y maltratan a débiles y ancianos; en fin,  muchos perversos que desvalijan a viudas y huérfanos, calumnian y difaman a su prójimo y abandonan a sus seres queridos, dicen querer al  pueblo y le roban todo lo que pueden.
-. ¡Uf!, Sibilino, sí,  son muchos.

Sibilino empezó a silbar melodías extrañas para mí, pero dulces. Reinicié mi camino, entonando su canción. Sibilino, gritando, dijo, entonas muy mal mi canción!
Bueno, por lo menos, lo intento, le respondí.
Bien, retrucó, inténtalo y que cada vez sea mejor que la anterior; pues, no sólo debe ser la intención, sino, la constancia en hacer bien las cosas.
Seguí a paso ligero, pensando en volver la próxima luna llena.

Como ven, se aclaró el misterio de los desaparecidos. Ellos viven felices en otro espacio, sin memoria de este mundo que no quiere entender el porqué  de tanta maldad. 

¿Dónde estarán, ahora, esos felices ahogados? ¿Dónde estará mi hermanito? Hace ya algunos años, me llegó la noticia de la destrucción de la peñita a golpe de dinamita, hecha por una empresa Yugoeslava, por la década de los años 70, la que tenía a cargo alguna obra pública en el Departamento de Piura. El Río Piura,  ya no es más ese brioso río. Se acabó la Peñita y  cómo se dice, muerto  el perro, acabada la rabia. ¿Rabia?       
            


 


viernes, 13 de septiembre de 2013

REFLEXIONES: EL PARADIGMA DE LA JUSTICIA.

Estimados amigos:

Considero pertinente alcanzar una reflexión sobre las posibilidades de la libertad, por ello considero que la proposición de Giusti se ajusta a una concepción ética aceptable. En todo caso, cabe que cada cual precise su propio juicio, pero pensando siempre en que su persona se resuelve en un colectivo que aspira siempre a la paz y a la equidad. 

EL PARADIGMA DE LA JUSTICIA.

1. Planteamiento:

Giusti plantea para realizar un examen de este modelo, llamado también el Paradigma de la autonomía, en orden al modo o sustento con el que Kant articula el principio central de ésta interpretación de la  ética, sustentado en el principio de la libertad del individuo, pero de una libertado coordinada con la libertad de todos, de cara a una ley que haga posible la autonomía de todos. Por ello, tomando ese escenario que supone equidad, se deriva la palabra justicia o una sociedad más justa para todos  y se apoya  en el texto mismo de Kant del cual hace una cita de pie de página (Cfr. Giusti. El soñado bien, el mal presente. Rumores de la ética.Lima, Fondo Editorial de la PUCP, P.40, nota 15) 

2. Razón de ser del Paradigma de la autonomía o de la justicia:

La finalidad del nacimiento de este modelo fue el de poner en la mesa de las posibilidades de la aclaración ética una alternativa al Paradigma de la ética del bien común, cuyos efectos habrían sido la causa del derramamiento de sangre a propósito de las guerras religiosas, en competencia por el monopolio del ideal moral, es decir la sobreposición del propio al ajeno. En efecto, basado en Kant, el autor sin hacer referencia a ello, como que glosa esa explicación de Kant, quien en su obra Crítica a la razón práctica afirma: “La intención moral  va necesariamente unida a la conciencia de la determinación de la voluntad inmediatamente por la ley”(Cfr. Immanuel Kant. Crítica de la razón práctica, P. 107) En efecto, Kant vincula la satisfacción que pudiera obtenerse  de un logro  apetitivo a la determinación de la voluntad por la razón. De aquí que Giusti glosa este aspecto diciendo “fue sin duda Kant el filósofo que logró conceptualizar con mayor agilidad y riqueza esa intención moderna” (Giusti. Ibid. P. 41).


3. Precisiones sobre el paralelo de los Paradigmas:

Giusti precisa como el Paradigma del bien común es sustancialista, frente a este Paradigma de la autonomía o de la justicia que resulta más bien procedimental para determinar como los contenidos se concilian con el libre ejercicio de la libertad de todos. Con este fin trae como ejemplo el sistema democrático, en el cual cualquiera decisión debe necesariamente ser respaldada por la conjugación de la voluntad de  todos y así menciona, como ejemplos, la libertad de opinión, la que se puede ejercer con la condición que todos puedan hacer lo mismo y se ajusta al “imperativo categórico” de Kant. De modo que toda decisión realizada en el juego de reglas comunes sería buena-en sentido moral- o justa -en sentido jurídico. El razonamiento de Giusti encuentra asidero en Kant y con razón, porque Kant sostiene conceptos como éste: “De esta solución de la antinomia de razón pura práctica, se sigue que en los principios prácticos cabe pensar un enlace natural y necesario entre la conciencia y la moralidad y la esperanza de una felicidad proporcionada a ella como consecuencia de la misma…” (idem.ibid. P 109). Lo importante en todo caso es  que Giusti, sin pretender demostrar si los Paradigmas son contrarios o complementarios expone la razón de los mismos y las características que definen el perfil de cada uno de los Paradigmas y como es propio de estos paralelismos centra este Paradigma en el ámbito de la razón práctica, antes que de la moralidad por el dictado sólo de conciencia y como si él se internalizara y, por sólo ese hecho, se realizara integralmente. Con ello, refiere, por las argumentaciones expuestas, cómo el concepto de <valores> es en un inicio un cuerpo extraño al Paradigma de la ética de la autonomía.

Guillermo G. Guerra C.


sábado, 10 de agosto de 2013

UNIVERSIDADES PRIVADAS Y UNA GRAN UNIVERSIDAD

UNIVERSIDADES PRIVADAS Y UNA GRAN UNIVERSIDAD*

Aspiraciones educativas

Razones históricas en materia de educación condujeron la preferencia de padres de familia y de jóvenes  hacia la profesión con estatus  universitario, desdeñando la situación de educación superior no universitaria y peor, la que se conoce como artes y oficios o simplemente de oportunidades laborales a pesar de que éstas profesiones, artes y oficios serían, precisamente, las puntas de  lanza para el despegue industrial y del desarrollo del país.

La demanda educativa de nivel superior universitario fue siempre de gran volumen y la concepción  para organizar universidades, estricta y acorde con el sentido, supuesto,  de dar oportunidades a una élite intelectual,  dejando, así, afuera un volumen importante de postulantes y de esperanzas de la familia. El asunto era, si quienes alcanzaban ser seleccionados fueron siempre talentosos y estudiosos y los que quedaban fuera habrían sido los lentos y perezosos o si tales limitaciones eran motivo de pérdida de talentos.      

Sin entrar al fondo de ese asunto, la organización universitaria estuvo siempre en los tapetes políticos, con el criterio elitista, y el riesgo de conflictos sociales, en aumento, como consecuencia del sinsabor de los “fracasos” y de las desilusiones de las familias.

Lo lamentable en estos asuntos es la inexistencia de un plan integral del desarrollo del País, en donde se articule el sistema educativo con las reales necesidades del crecimiento y del desarrollo. Simplemente se trabaja al día y sobre la base de legislaciones tópicas, es decir aisladas entre sí. La educación tiene que estar estrechamente ligada a la realidad económica social del país y no a la fuerza, sino, de modo real y natural.     

Universidades privadas

La universidad privada en el país era una posibilidad para satisfacer  las aspiraciones de la juventud y de sus familias y así lo hacía y hubo universidades privadas, como las hay, que proyectaron prestigio y satisfacción; pero de ahí a promover el desorden y la exageración del crecimiento de la cantidad de profesionales, sin importar la calidad de los mismos, hay distancia que veremos en otro artículo a propósito de la particularización de la universidad.  

Para referirnos al Norte del país (Perú-Sudamérica), esta situación y la exagerada cantidad de postulantes que se quedaban fuera, generó el afán de la sociedad civil de dar apertura a la satisfacción de esa demanda insatisfecha, pues siempre estuvo presente en la legislación la posibilidad de promover la organización de universidades de Derecho privado  sin fines de lucro, frente a las universidades de Derecho público; pero, sin desnaturalizar la esencia corporativa institucional, es decir, fundadas por Ley y conducidas por la comunidad universitaria (Profesores, estudiantes y egresados), bajo formas democráticas. En este caso, el titular del dominio patrimonial es y fue la universidad, como ente nacional no público y no, los promotores (como lo es en la caso de las particulares). Así, hasta 1987 surgieron universidades privadas en diversos lugares del país: en Piura, La UDEP; en Chiclayo, La Universidad privada de Chiclayo  y en Chimbote,  dos universidades: La Universidad privada de San Pedro y la Universidad Los  Ángeles de Chimbote. En las dos últimas, con gran esfuerzo, ejercieron docencia un grupo de académicos de la Universidad Nacional de Trujillo.

Una gran universidad

El 26 de julio, próximo pasado, cumplió 25 años de su fundación la Universidad Privada “Antenor Orrego”, consecuencia de la iniciativa de  un grupo de académicos que prestaban servicios docentes en las universidades privadas de Chimbote y, a pesar del desaliento que existía en el medio, en razón de que ya se le habría negado, injustamente, a otra generosa iniciativa local; no cejaron en su propósito e inspirados en los principios académicos,  fuera de contaminaciones político-partidarias y, por encima de ello, se agruparon en una asociación civil promotora, cuya primera Junta Directiva estuvo presidida por el Dr. José Veneros Chávez e integrada por los profesores Lorenzo Santillán Castillo  (Vicepresidente), Alfonso Villanueva Vásquez (Secretario), Felícita Peralta Chávez de Lozano (Tesorero), Edú Gilberto Cabanillas y Luis Gorritti Sánchez (Vocales), además, Pedro González Cueva y Luis Sánchez Vásquez.  Así, en conformidad con Ley se presentó el proyecto y absolvieron las observaciones, tocándole al Presidente de la Junta, Dr. Veneros Chávez, realizar las acciones necesarias, las que se impulsaron con gran esfuerzo y dedicación, hasta obtener el éxito, alcanzado con la consecución de la Ley de su creación, 24870, promulgada el 26 de julio de 1988, como una universidad, social y con peso en la tecnología.

A partir de ahí, se puso en marcha la organización de la nueva universidad, la que, finalmente, quedó a cargo de una tercera Comisión Organizadora, presidida por el  Dr. Aurelio Lazo Vílchez, el Dr. Abundio Sagástegui, como Vicepresidente Académico y el Dr. Luis Gorriti Sánchez,  como Vicepresidente Administrativo; comisión que alcanzó la institucionalización de la Universidad e impulsó con éxito la implementación de la misma, constituyéndose una Asamblea Estatutaria (enero 1995)  que, luego,  dio lugar a la instalación de los órganos de gobierno: Asamblea universitaria, Consejo universitario y Rector, eligiéndose, por la Asamblea, al Dr. Luis Gorriti Sánchez como el primer Rector de la Upao y a los Dres. Arnaldo Estrada Cruz y José Veneros Chávez como Vicerrectores en lo Académico y en lo Administrativo. Correspondiéndole a las siguientes gestiones el esfuerzo para posicionar la marca Upao y encauzarla en el marco de una gestión contemporánea con tecnología de punta, infraestructura apropiada a la educación universitaria,  siempre en el contexto de una dinámica de respeto a la autonomía de los órganos de gobierno, de ingreso, contratación y  evaluación objetiva de la docencia; de cara a la excelencia de sus servicios académicos.           

Así, no obstante  haber llegado al posicionamiento de su marca, conseguido tras sacrifico constante de la comunidad universitaria en el curso de estos 25 años, cumplidos, hay que destacar como una feliz iniciativa haber escogido  para su patrocinio el nombre de Antenor Orrego, como un humanista y educador nacional  de calidad universal y un consecuente luchador social, por encima de enclaustramientos ideológicos, de personalidades extranjeras y de protagonismos fatuos  que niegan la esencia del ser universidad,  denigran la docencia universitaria y desnaturalizan la naturaleza del proyecto social.


FELIZ ANIVERSARIO UPAO, UNA GRAN UNIVERSIDAD


lunes, 5 de agosto de 2013

RELACIONES PÚBLICAS: REFLEXIONES

 RELACIONES PÚBLICAS: REFLEXIONES

La problemática.

Como toda actividad profesional, las Relaciones públicas se enfrentan con la necesidad de la definición del  perfil de su quehacer,  de su reconocimiento y protección legal para llegar a la convicción del usuario de los beneficios que se pueden obtener para él y el medio en el  que se desenvuelve.
Expondremos estas reflexiones en tres ejes: En primer lugar el eje de la identidad, un segundo eje el de su reconocimiento y protección legal y un tercero, el de los beneficios para el usuario y la sociedad.

I. La Identidad de las Relaciones Públicas.  

No se trata de hacer una definición de las Relaciones públicas, pues para ello bastará recurrir a la abundante literatura especializada y encontrar las más diversas; pues, cada autor pretende la originalidad de este presupuesto y ello puede justificarse por el tipo de investigación o el propósito que con su trabajo se pretenda. Por otra parte, es una inquietud que estuvo y está como labor permanente de la persona en sí y de los quehaceres institucionales, empresariales y de responsabilidad profesional. Por ello, enfocaremos este asunto por la precisión de la misión de las Relaciones públicas, su ejercicio profesional de servicio y profesional académico.
Quiero sí afirmar que las relaciones públicas como ciencia y como tecnología no basan su misión en hacer simpáticos a personas e instituciones o empresas; pues su misión apunta más allá del simple parecer.

1.   La Misión.

Lo principal es precisar cómo reconocemos esa actividad que denominamos Relaciones públicas, por lo que es y debe hacer, específicamente, en relación con otras en su género,  con las cuales  debe compartir en un mutuo apoyo desde la perspectiva sistémica, para comprender la unidad de los fines, como con el periodismo, publicidad y marketing social. Nada se consigue tratando de ser superior a éstas u otras actividades con las que se comparte el conocimiento y las técnicas, porque unas y otras intercambian información, salvando las individualidades de cada cual y lo importante es fijar las correspondientes misiones. Esto, que es fácil de escribirlo y recitarlo, no lo es en la práctica.
Con respecto a precisar su misión, podemos partir diciendo que las Relaciones públicas tienen como misión fundamental constituir las necesarias bases de información de la que debe disponer la empresa, institución o individuo para orientar las políticas y estrategias sociales externas e internas, de acuerdo a los fines de la unidad a la cual sirve. Me refiero, no a las informaciones especializadas que le corresponderán a las diversas profesiones, según los fines de cada individuo, colectivo o personal; sino de lo que importa a las relaciones que se generan con los públicos externo (general y objetivo), interno (directivos, funcionarios, colaboradores) y mixto (accionistas, proveedores, distribuidores), con la finalidad de generar y mantener en grados de eficiencia y de eficacia lazos de solidaridad y mutua comprensión en relación a intereses comunes; trazadas que hubieran sido las políticas empresariales o institucionales o las individuales, según fuera el usuario.

2.   Las Relaciones públicas como Profesión.

Dependiendo de la organización educativa en cada país, las Relaciones Públicas pueden o no ser reconocidas como profesión de alto nivel y no requerirse para su culminación el grado de bachiller como grado o subgrado académico, por lo que significa mantenerlo a nivel no universitario. Es más, es posible también que de acuerdo a la concepción de profesión ésta sea meramente una actividad posible de ser desempeñada por cualquiera fuera la profesión o las necesidades del usuario. Así, pueda corresponderle al periodista o sociólogo o antropólogo o psicólogo o a otras profesiones del sector de ciencias humanas o de acuerdo a la Institución o Empresa ser encargada a un profesional del giro; así, en un hospital encargársela a un médico o enfermera o profesional de la educación. Para beneficio de la sociedad, esta perspectiva va siendo superada y las Relaciones públicas, reconocida ya como ciencia y tecnología se les conceda legalmente su propia identidad. Es el caso del Perú, en donde las Relaciones Públicas está reconocida propiamente, como veremos más adelante.

2.1. Las Relaciones Públicas como profesión de servicio

El profesional en relaciones públicas es un gestor de las comunicaciones con el propósito de aportar conocimientos mutuos entre el usuario de su servicio y los públicos que tendrán como resultado el afecto y la comprensión mutua. En tal sentido, debe estar dotado de una sólida base de conocimientos humanísticos, de las tecnologías instrumentales y  de habilidades específicas para adelantarse a los sucesos que importan a los objetivos de la actividad del usuario de los servicios de relaciones públicas. Como su nombre lo indica, se trata del ejercicio concreto a los fines prácticos de personas, instituciones y empresas y esto puede suceder a nivel puramente técnico operativo; acreditable con un título expedido por un Instituto Superior no universitario  o
superior con habilidades para investigar y asesorar en la materia; acreditable con la Licenciatura, concedido por una Universidad, pero no necesariamente dirigido a la creación de conocimiento.    

2.2. Las Relaciones públicas como Profesión académica.
Las  Relaciones públicas, por la naturaleza de  su quehacer o misión fundamental, constituyen un sector de estudio  e investigación. De estudio, porque como actividad requerida para conseguir los resultados de su misión, desde su identificación teórica y de las metodologías de realización, es menester desarrollar un proceso de aprendizaje teórico fundamentalmente que puede estar referido al ejercicio profesional de la investigación científica,  de aporte al conocimiento, porque identificadas  las relaciones públicas como  hecho y fenómeno dirigidos a la comprensión de seres pensantes, este conocimiento tiene que verificarse, analizarse, validarse, recrearse y hasta generarse ex novo,  en sí y en sus relaciones con las ciencias y técnicas que le sirven para satisfacción de sus fines y  del desarrollo social y político. Se ejerce fundamentalmente en la enseñanza de nivel universitario y en los gabinetes de asesoramiento en lo más alto. Su acreditación requiere de los grados académicos de maestro y de doctor, como postdoctorado.

3. Las Relaciones Públicas como ciencia.  

Para nuestros efectos, consideramos las Relaciones Públicas como una disciplina encrucijada; es decir, una ciencia aplicada, sobre la base de ciencias humanas básicas que concurren a su formación. Así, tiene como núcleo de conocimiento a las relaciones interindividuales debidamente organizadas con propósitos comunes específicos involucrados a fines  sociales, económicos o políticos al servicio de personas naturales y colectivas.        

II  El reconocimiento y la protección legal.

1.   Reconocimiento en el medio social, económico y político
En el marco de nuestra realidad, podemos empezar preguntándonos, ¿existe en nuestro medio el reconocimiento expreso de la necesidad de una profesión  de las Relaciones Públicas en el sentido que lo hemos expresado?

Al parecer, la actividad que corresponde a las relaciones públicas se siente, más desde las perspectivas puntuales como las de promover la imagen de los principales personajes o de la empresa o institución o como un modo de enfrentar las dificultades cubriendo el rostro de los responsables de la empresa y exponiendo el suyo. Esta visión ya se ha negado desde en diversos foros por trabajos y  eventos realizados organizacionalmente por las instituciones especializadas buscando el posicionamiento auténtico de la misión de las relaciones públicas y de las que las ejerce profesionalmente.

La profesión de las relaciones públicas, en el conjunto de las Ciencias de la Comunicación, carga con la desventaja de su confusión y hasta limitación con la pluralidad de conocimientos y de técnicas que son instrumentos valiosos para la realización de sus fines  y se le recluye como si el producto de su trabajo se expresara en las necesarias atenciones de protocolo o sonrisas que convencen a directivos, empleados y clientes o usuarios, de modo que cualquier persona, por sus apariencias o importancia y posicionamiento en el medio,  sería competente para llevarlas adelante; considerando que todos sus quehaceres se resumen en la “simpatía” que “el relacionista”, pudiera reflejar. Sin negar que algo de eso exista como en cualquier expresión humana y como lo hemos ya expresado,  la misión de las  relaciones públicas, como quehacer profesional, están mucho más allá y por ello es menester afirmar su identidad y posicionarla, de modo específico, en el conjunto de las ciencias sociales y de sus herramientas o técnicas necesarias para su desarrollo. Esto, va resultando ya una agonía en su realización y alcances, dependiendo del sector usuario.

El asunto es que los directivos y ejecutivos tomen conciencia de la necesidad de esta misión, como productora de los necesarios insumos para la formulación de políticas comunicológicas y su contribución con las políticas generales de la empresa, de modo que se le considere como parte de los cuadros estratégicos,  se le dote racionalmente de los recursos necesarios, de acuerdo a la planificación y se evalúen los resultados.   

2.  Reconocimiento legal y legitimidad.   

Formalmente, esto es un asunto zanjado en el Perú y otros países; pues la profesión de servicio  de relacionista público tiene su representación en el Colegio de Relacionistas Públicos del Perú, creado por la Ley 25250 de junio de 1990 como entidad de Derecho público y su modificatoria 28249 pero el asunto está más allá, es decir, que el cuerpo de relacionistas a nivel nacional perciba esta ley, como el instrumento de orientación del ejercicio de esta delicada misión y participe en todos sus aspectos de la misma, porque una ley debe ser querida y cumplida y ello depende de su desarrollo; pues pudiera resultar que el acceso a la membresía y la dinámica de su funcionamiento sean elementos disuasivos, de modo que, no obstante la existencia de la norma, no exista el ánimo de ponerle fuerza y llevarla adelante; pues no todo lo legal es un asunto de declaración, sino, de vivencia y esto es lo más importante.

Tal como se encuentra diseñada en la ley, la obligatoriedad de control del ejercicio en Relaciones públicas por profesionales con título expedido por una universidad, esto queda, prácticamente, para ser exigida más en la Administración pública que en la Administración privada.

III. Los beneficios para los usuarios y para la sociedad.

La sociedad, cualquiera fuera su expresión, económica, política  o de solidaridad es un todo compuesto por individualidades en una red de intereses que deben ser conciliados micro y macro institucionalmente.

1. Empresarialmente. Las empresas, entendidas como formas de buscar beneficios económicos requieren el conocimiento de las diversas expresiones del mercado como espacio de cobertura de necesidades que deben satisfacerse con productos y servicios y este es un mundo complejo (público externo) y del sentir y apreciaciones de sus accionistas, directivos y colaboradores (público interno); pues todos ellos están comprometidos con los procesos para cumplir con los objetivos; pero, cada grupo e individuo  espera sus compensaciones, las que no siempre se estiman por éstos, objetivamente y más bien se aprecian subjetivamente y  ello se refleja en satisfacciones e insatisfacciones que se traducen en rumores y conflictos. Aquí encontramos conflictos asociativos que repercuten en las deliberaciones y decisiones de directorios o juntas generales o conflictos gremiales o hasta de clientelas. El trabajo de las relaciones públicas, en estos casos, puede evitar o paliar los efectos negativos y generar  espacios que faciliten las negociaciones para equilibrar la avalancha de intereses y se obtenga una corriente de mutua comprensión. y de facilitaciones para posicionar su marca. 

En todo caso, el efecto de una planificada y constante acción del relacionista público se traduce en un ahorro de costos económicos  y de mejoramiento de  la eficiencia, apuntando a la eficacia de los públicos internos, como de reconocimiento de los públicos externos .  

2. Políticamente. En lo político la situación es mucho más difusa, dependiendo de los niveles y jurisdicciones, pues los instrumentos propios del trabajo del relacionista entran en una fuerte contradicción, de modo que todo esto es posible de ser previsto por un buen trabajo del relacionista, sobre los puntos neurálgicos que hubiera detectado inteligencia  o se hubieran propuesto como hipótesis de las ocurrencias. La ventaja en este ámbito es el nivel positivo que permita la gobernabilidad y  alcance la paz social.

3. Solidariamente. En las organizaciones solidarias, como las sociales, deportivas y religiosas, las relaciones públicas pueden aportar una mayor comprensión en los fines propios de cada organización y traducirse en mayor confianza para involucrarse en ellas y mejores disposiciones de la comunidad para alcanzar aportes económicos o apoyos físicos, como es, por ejemplo, el voluntariado que fortalezca la realización de sus fines.

CONCLUSIÓN:

Finalmente, para concluir con estas reflexiones muy puntuales, sólo me queda desear éxito en la gestión de las organizaciones dedicadas a cimentar el ejercicio profesional del relacionista en las labores emprendidas para potenciar el conocimiento y las destrezas de sus asociados y puedan con confianza enfrentar los retos cada vez más exigentes en todas las profesiones comunicológicas y de modo especial en la profesión del relacionista, pues las tecnologías de las comunicaciones agudizan la competencia y  el procesamiento de las informaciones para ser utilizadas por la empresa se hace más complicado y urgente; hoy más que nunca con el desarrollo de las tecnologías de la información y del conocimiento.

Espero que estas reflexiones puedan servirles en algo a quienes hubieran emprendido los estudios en Ciencias de la Comunicación o específicamente en Relaciones Públicas. También a quienes tienen interés en hacer crecer con éxito y responsabilidad social sus actividades económicas o políticas o solidarias. 

viernes, 28 de junio de 2013

PEDRO Y PABLO



Estimados cibernautas:
Más que un cuadro religioso, resulta una escena de coherencia y de lealtad. Sobre todo de fidelidad al servicio de una causa, como pudiera ser una causa política que acaban su vida para que, al final, otros vivan. Así fueron Pedro, el Papa y Pablo, el soldado convertido, quienes, al final, han quedado como paradigmas. 

PEDRO Y  PABLO

  
Estos santos,  si bien participaron de las enseñanzas del Maestro, sus antecedentes y apreciaciones tuvieron alguna diferencia, siendo ambos judíos.

Pedro, el pescador

Pedro fue uno de los 12 apóstoles, señalado por Jesús para sustentar su iglesia, independientemente de las interpretaciones que se hacen por algunos estudiosos. Pedro, un humilde pescador sin mayor educación y jefe de una familia, lo cierto es que él fue el primer Papa, a pesar de las discusiones al respecto, es decir, el sucesor directo de Cristo Jesús.Pedro lideró los primeros tiempos de lucha por la expansión de la misión que recibiera del Maestro, a quien negara tres veces, ante la miserable amenaza que se cernía sobre los amigos de Jesús.

Pablo de Tarso

Pablo; sin embargo, fue convocado por Jesús, después de la pasión y en medio de su furia, persiguiendo a los seguidores de las enseñanzas de Cristo, considerándolos destructores de los sagrados principios del judaísmo, independientemente de su condición de fariseo. Pablo fue siempre una persona íntegra, creyente en un solo Dios y lejos de la vida disoluta, según los estudiosos. No es que se convirtiera, como resultado de las prédicas de los apóstoles o de los numerosos creyentes o sensibilizado por la aceptación de los que sostenían  esa fe a los martirios y prisiones que él personalmente les infringiera; no, su adhesión, increíblemente firme, fue el resultado de una revelación del mismo Jesús, mientras él marchaba a la búsqueda de seguidores de Cristo para capturarlos y arrastrarlos a Jerusalén. Pablo, soldado y ciudadano romano, alegó esta ciudadanía para no ser apaleado, lo cual constituye la expresión de un principio para reclamar lo que es de derecho. Así, llevó la doctrina de Cristo Jesús por lugares lejanos, gracias a sus convicciones y a su gran apertura hacia los gentiles (extranjeros o no judíos), alegando siempre la primacía de la fe en Cristo sobre la ley (judaica). Es más, creo que Pablo reconoció  la necesidad de adaptación de las reglas a los principios y a las necesidades de universalización, siempre en solidaridad y en los misterios del amor, predicados por el Maestro.

Solidaridad


Traigo estos recuerdos, porque hoy, más que nunca, el representante de Cristo en la tierra requiere de la unión de quienes realmente se sienten miembros de su iglesia, lejos de considerar la religión como un negocio o como un biombo para ganar posiciones en una sociedad que se pierde ya en los afanes del lucro y del uso del poder para enriquecerse y cometer cualquier latrocinio a su favor, dejando al pueblo en el hambre y en la desesperación. Por ello, roguemos a Cristo, Dios, hecho hombre, para que asista y proteja al Papa Francisco, dispuesto a remozar el centro de gobierno y administración de la Iglesia Católica, más allá de las reglas y litúrgias,  sobreponiendo la fe que nos dejó el Redentor, Jesús Cristo, hijo de María y de Dios Padre.

lunes, 17 de junio de 2013

UNIVERSIDAD: REALIDAD O DESEO




Estimado Lector: En el Perú se vive actualmente un caos de normatividad, en relación a la institución universitaria, pues existen universidades de particulares dedicadas más al negocio que a la finalidad que histórica y legalmente tiene. En esta situación surge la gran cuestión: cómo realizar una supervisión de las universidades respetando la autonomía que le es inherente y cuándo se puede decir que esa universidad de propiedad hasta de un individuo puede gozar de ese atributo que todos los universitarios acariciamos. Personalmente, creo en la posibilidad de convocar la inversión privada, en el marco uniforme de obligaciones de públicas y privadas y sobre la plataforma de la comunidad universitaria, respetando la democracia estructural interna. Lo que en este artículo planteamos es parte de ese gran problema, apostando por el desarrollo de la universidad, como pilar del desarrollo de la ciencia, para lo cual se requiere la responsabilidad de docentes, estudiantes, egresados y del cuerpo de personal administrativo.  


UNIVERSIDAD: REALIDAD O DESEO* 
  
La decisión del Congreso de la República de abordar de una vez el asunto de la Ley universitaria ha generado una serie de inquietudes académicas y económicas. En efecto, cuando invocamos el sostener la concepción institucional, partiendo del grito de Córdoba, es la nostalgia de  la realización de una institución desarrollada en un ambiente de libertad y de esencia académica sobre la base de la solidaridad del cuerpo organizacional, es decir la universidad entendida como la comunidad de profesores,  estudiantes y graduados, como lo define el tercer acápite del artículo 18 de la Constitución de la República del Perú (CE), admitiendo la participación de los representantes de los promotores. Esto no es nada simple, tomando la perspectiva de lo que sucede en la realidad nacional, desde la dación del Decreto legislativo 882, bajo el pretexto de promover la inversión en educación, con lo cual se trajo el concepto de la educación como objeto de comercio o de realización de patrimonio particular. El tema da para mucho y no es el espacio de opinión para una exposición más o menos exhaustiva; aunque sí para el planteamiento de la dificultad de diseñar, discutir e implantar una nueva universidad, porque el artículo 18, ab integro, requiere  un desbrozo de su intención,  antes de ello.

El problema organizacional

Es una verdad de Perogrullo el afirmar que la organización no es el conjunto de bienes materiales y ni siquiera del capital, como recurso indispensable para su financiamiento; sino, el potencial humano que hace el colectivo, como parte substancial para su realización material, lo cual  es ya una determinación jurídica. Así, el acápite segundo del artículo 31 de la CE de 1979 precisaba que “las universidades nacen por ley. Son públicas o privadas, según se creen por iniciativa del Estado o de particulares.” En buena cuenta, era la ley la que concedía la personalidad jurídica de la universidad y todas ellas se regían por las mismas reglas de la Ley universitaria, traducidas a sus estatutos y reglamentos. Hoy en día; no. Las universidades del Estado o públicas se expresan por la comunidad universitaria y así se administran; en cambio, las privadas (particulares), es decir las fundadas (no sólo promovidas) por sociedades comerciales (hasta de una persona) o cooperativas o asociaciones civiles, éstas se administran por sujetos distintos a la comunidad universitaria, de modo que son aquéllas las que gozan de la personalidad jurídica, mientras que la universidad(comunidad universitaria) se constituye en un objeto comercial o “social” Ahora tenemos: universidades públicas y algunas universidades privadas (con personalidad concedida por ley) y universidades privadas-particulares (cuya personalidad jurídica emerge de la ley civil o comercial o cooperativa). En las privadas de la actual Ley 23733  era un asunto de mera promoción por los particulares y, en las segundas (D.Leg. 882) son los particulares los que las fundan y al Estado  sólo le corresponde autorizar o no su funcionamiento; no su fundación.

Cambio de régimen legal

Un asunto muy serio es el de la adecuación de universidades privadas (L.23733)  cuyo crecimiento y desarrollo se forjara por la comunidad universitaria y que de pronto resultan como “universidades (D.Leg. 882) asociación civil” cuyos asociados sólo serían el subconjunto de profesores ordinarios, excluyendo a los que se atrevan a reclamar sus derechos,  dejando fuera a profesores contratados, a estudiantes y a egresados; peor todavía, con el peligro de convertirse de pronto en sociedades anónimas. Aquí existe un problema muy serio que no puede quedar fuera del enfoque legal. Peor aún, si tal "adecuación" se hubiera construido sobre un tinglado para el dominio de un subgrupo político o familiar. No pretendo recusar la inversión privada, que sí la hubo en algunas de ellas; lo recusable es apropiarse de un patrimonio ya constituido por el esfuerzo de un colectivo que deviene injustamente en patrimonio nacional.    

La autonomía

He aquí el gran problema. La CE (1993)  determina los fines de la universidad y el más relevante es el de la formación profesional, aunque  escamotea la facultad de otorgar grados académicos y títulos profesionales a nombre de la nación (como sí sucediera en la CE de 1979), lo que deja en el limbo y eso de pretender que las universidades acreditadas sí los otorgarían y las no acreditadas los otorgarían por sí y ante sí (seguramente como títulos nobiliarios) no tiene ni pies ni cabeza y más bien sería legalizar la estafa. La creación de carreras de servicio o académicas no puede estar supeditada al antojo de cualquiera persona. Así, el D. Leg. 882  ha perturbado la verdadera esencia de la universidad; pues, sin negar de que existen universidades privadas-particulares que actúan con seriedad, muchas están jaladas por la necesidad de hacer caja a como dé lugar y se ha producido una seria distorsión en la formación profesional, con honrosas excepciones. Aquí lo importante es hacer crecer la clientela. Así, hay universidades cuya finalidad central es tener una fuerza política y entroncarse con los partidos políticos o de hacer dinero con inconfesables propósitos personales o familiares ( con plata ajena).

¿Cómo entonces tratar este asunto de la autonomía que tiene su propia finalidad de libre expresión académica o de pensamiento?  ¿Cómo negar el Derecho del Estado, construcción jurídica, para procurar un sistema de supervisión, no necesariamente desde el gobierno en su forma ejecutiva, pero que garantice la objetividad?

El tema da para mucho. Sólo he pretendido dejar caer algunas inquietudes, en el marco de la extrema complejidad de la institución universitaria.

* Ver el ensayo Universidad Idea y Concepción en este mismo espacio.