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sábado, 16 de mayo de 2015

LA ORALIDAD EN EL PROCESO DE EJECUCIÓN LABORAL.



Me permito incluir este interesante artículo que importa al desarrollo en la administración de justicia y contribuye a la promoción jurídica. 


LA ORALIDAD EN EL PROCESO DE EJECUCION LABORAL
Por: VICTOR ANTONIO CASTILLO LEON[1]

1.       INTRODUCCIÓN
A cuatro años de iniciada la reforma del proceso laboral, con la introducción de la oralidad, poco a poco vamos reemplazando el vetusto proceso escrito por el proceso por audiencias. Aun con los problemas y limitaciones propias de una reforma en la que el Estado ha decidido no invertir ni un sol adicional al presupuesto ordinario del Poder Judicial, los jueces laborales siguen descubriendo “sobre el terreno” las virtudes de la actuación oral de la prueba[2] y del significado holístico de la oralidad[3].
Sin embargo, la reforma en curso parece no haber alcanzado a la ejecución de la sentencia laboral, en la que todo está igual –o peor-, porque el litigante debe sufrir casi el mismo trámite farragoso de la ejecución con la norma anterior, en el que todo –o casi todo- se hace a pedido de parte y en el que parece que el Estado –la jurisdicción- hubiese perdido todo interés en realizar los actos necesarios para la total, pronta y eficaz  ejecución de lo decidido. Muchas ejecuciones resultan durando más que el trámite principal.
Cabe preguntar entonces si la ejecución de la sentencia es inmune a la oralidad o si por el contrario la oralidad es una idea-fuerza que trasciende al concepto de audiencia[4] y se proyecta a todas las fases o momentos del proceso, incluso las que conservan la forma escrita. En las líneas que siguen pretendemos responder esta pregunta y hacer algún aporte creativo.

2.       LA EJECUCIÓN DE LA SENTENCIA EN LOS PROCESOS REGULADOS EN LA NLPT
La ley procesal del trabajo 29497, en adelante NLPT, consagra procesos laborales por audiencias y procesos laborales escritos. Los procesos laborales por audiencias son el ordinario y el abreviado, mientras que los procesos laborales escritos son el proceso cautelar, el proceso de ejecución, el proceso de impugnación de laudo arbitral, el proceso no contencioso y el proceso contencioso administrativo laboral y de seguridad social[5].  La ejecución de todas estas modalidades procesales acusa similar problemática, por lo que vamos a centrarnos en el análisis de la ejecución en los procesos por audiencias (ordinario y abreviado), dando por sentado que dicho enfoque es extensible, mutatis mutandis, a las otras formas procesales. 
La ejecución de la sentencia en todos los procesos previstos en la NLPT es escrita, en el sentido de carecer por así decirlo de una suerte de Audiencia de Ejecución[6]. Esto sencillamente pone a prueba a la oralidad, pues exige conocer si la idea que ella trasunta se agota en un método comunicacional en las audiencias o si constituye una auténtica nueva forma de afrontar el proceso. Una concepción transversal[7] de la oralidad, debe llevarnos necesariamente a proyectar sus fundamentos, valores y rasgos esenciales también a la etapa de ejecución de la sentencia, pero no en términos de realización de una audiencia sino de aplicación activa y creativa de sus principios y rasgos operacionales[8]. 
No en vano la NLPT, siguiendo la sistemática del Código Procesal Civil, atribuye a la ejecución de la sentencia, identidad óntica, al consagrar normativamente el proceso de ejecución laboral. Este dato es importante porque significa que el proceso de ejecución laboral es distinto al proceso de ejecución civil; dicha especificidad es la misma que explica al proceso laboral como un proceso especial, en razón a su objeto social y a las singulares características de las partes que lo integran; corresponde pues a la jurisdicción laboral construir una doctrina jurisprudencial robusta que impida que la ejecución de la sentencia laboral se impregne de los mismos vicios excesivamente formalistas que precisamente se pretenden desterrar a través del nuevo proceso oral.

3.       EL PROCESO DE EJECUCION DE SENTENCIA LABORAL[9]
Repasemos las principales reglas del proceso de ejecución laboral previsto en la NLPT:
a)      Las resoluciones judiciales firmes y las actas de conciliación judicial, entre otros, son títulos de ejecución.
b)      El propio juez que conoció la demanda–y dentro del mismo expediente- es el competente para conocer el proceso de ejecución laboral.
c)       La interposición del recurso de casación no suspende la ejecución, salvo que, por excepción, se disponga dicha suspensión, en resolución motivada e inimpugnable. También permite la suspensión de la ejecución, tratándose de la ejecución de intereses o de monto liquidado en ejecución de sentencia, a solicitud de parte y previo depósito o carta fianza por el total ordenado.
d)      El juez está obligado a multar al ejecutado que ejerza su derecho de contradicción de la ejecución, en forma temeraria, es decir, sin sustento en las causales señaladas en la ley.
e)      También el juez debe multar al ejecutado que incumple la obligación de hacer o no hacer fijada en la sentencia. Estas multas son sucesivas, acumulativas y crecientes  en treinta por ciento (30%) hasta que el obligado cumpla el mandato; y, si persistiera el incumplimiento, procede a denunciarlo penalmente por el delito de desobediencia o resistencia a la autoridad.
f)       El juez conserva en esta fase de ejecución, su deber de sancionar con multa de media y hasta 50 URP, en los casos de temeridad o mala fe procesal, conforme al artículo 15 de la NLPT.
g)      La liquidación de los derechos accesorios es una actividad procesal que debe ser cumplida por las partes. El Juez sólo traslada al ejecutado, la propuesta de liquidación de la parte vencedora. Si el ejecutado la cuestiona, presenta una liquidación alternativa. Sobre la base de ambas liquidaciones, el juez resuelve. El perito adscrito puede ilustrar a las partes, sobre el cálculo de los derechos accesorios, pero no emite informe pericial. Cuando el juez resuelve, el perito adscrito asiste al juez en los aspectos liquidatorios de la incidencia.
h)      Si en el trámite liquidatorio de los derechos accesorios se produjera un acuerdo parcial, el juez ordena su pago inmediatamente, reservando la discusión sólo respecto del diferencial.

4.       LAS NORMAS DE EJECUCION PROCESAL CIVIL[10]
Dado que el CPC resulta de aplicación supletoria al proceso laboral[11], también son de aplicación, en cuanto no se opongan al carácter especial de la ejecución laboral,  las siguientes reglas de la ejecución procesal civil:
a)      Si el mandato de ejecución contuviera exigencia no patrimonial, el Juez debe adecuar el apercibimiento a los fines específicos del cumplimiento de lo resuelto.
b)      Cumplido el plazo previsto en las disposiciones generales, si hubiera cuaderno cautelar conteniendo cualquier medida concedida, éste se agregará al principal y se ordenará la refoliación a fin de ejecutarse. Caso contrario, a petición de parte, se ordenará las medidas de ejecución adecuadas a la pretensión amparada
c)       Si el título de ejecución condena al pago de cantidad líquida o hubiese liquidación aprobada, se concederán a solicitud de parte, medidas de ejecución con arreglo al Subcapítulo de medidas cautelares para futura ejecución forzada. Si ya hubiese bien cautelado, judicial o extrajudicialemente, se procederá a la ejecución forzada.

5.       UNA CULTURA JUDICIAL EXCESIVAMENTE FORMALISTA
Estas reglas procesales sobre la ejecución –generales y especiales-, tanto del CPC como de la NLPT, de ninguna manera configuran una ejecución de sentencia excesivamente formalista y dominada por el principio dispositivo; tal creencia es producto de una inveterada mala praxis, de la que todos somos responsables, pues obedece a factores culturales enraizados en las concepciones y prácticas cotidianas de los abogados, pero también de los jueces laborales, que poco a poco, inconsciente y casi imperceptiblemente, hemos ido cediendo terreno hasta convertir al proceso de ejecución laboral en un espacio del servicio jurisdiccional en el que se olvida los fundamentos que son la razón de ser de esta especialidad de la justicia y en el que son “letra muerta” todos los valores constitucionales del proceso, fase en la que todos contemplamos indolentes cómo la ejecución de la sentencia dura más que todas las fases previas del proceso –juntas- abandonándola “a su suerte”, bajo la silenciosa resignación de “no poder hacer nada”.[12]
Pero, hay por lo menos dos razones poderosas por las cuales esta situación no debe ser tolerada: La primera, porque se hace una aplicación e interpretación errada de las normas de la NLPT y del CPC, las cuales, en propiedad, no excluyen el impulso de oficio y la conducción protagónica del juez –también- de la fase de ejecución de la sentencia; y segundo, porque los fundamentos, valores y principios que dan sustento al proceso laboral como un proceso social especial, resaltando entre todos aquellos, al valor de la oralidad, autorizan al juez laboral a configurar un proceso de ejecución social, oficioso, concentrado, célere y anti-formalista.

6.       ERRADA INTERPRETACION NORMATIVA
Existe una errada interpretación de las normas de la NLPT y del CPC, porque:
a)      El CPC dispone el impulso de oficio del proceso sin distinguir las etapas del mismo (trámite o ejecución).  En efecto, el artículo II del título preliminar del CPC prescribe que la dirección del proceso está a cargo del Juez. La NLPT prescribe en el artículo III del título preliminar, que los jueces laborales tienen un rol protagónico en el desarrollo e impulso del proceso, sin hacer exclusión de la fase de ejecución de la sentencia. Además, la misma norma impone al juez el deber de impedir y sancionar la inconducta contraria a los deberes de veracidad, probidad, lealtad y buena fe de las partes, sus representantes, sus abogados y terceros, también sin hacer exclusión de la fase de ejecución.
b)      El mismo artículo II del título preliminar del CPC, reitera que el Juez debe impulsar el proceso por sí mismo, siendo responsable de cualquier demora ocasionada por su negligencia. Ahora bien, cuando la indicada norma acota que están exceptuados del impulso de oficio los casos expresamente señalados en este Código, de ninguna manera tal exclusión abarca a la ejecución de la sentencia, pues, como ya hemos señalado supra, cuando la norma procesal civil alude al pedido de parte, sólo se refiere al pedido del ejecutante para dar inicio al proceso de ejecución (de manera similar a la demanda en el proceso de conocimiento), pero de ninguna manera significa que toda actuación en la fase de ejecución requiere pedido de parte[13].
c)       En tal sentido, cuando los Artículos 715 y 716  contienen la frase “a pedido de parte”, sólo están exigiendo una suerte de “percutor” o activador del dispositivo[14] que da inicio a la ejecución; pero una vez exteriorizado el pedido de parte, la ejecución se puede tramitar de oficio[15], salvo algunas actuaciones excepcionales en la que el juez laboral, podría juzgar necesaria la intervención de la parte ejecutante[16].
d)      Si faltara dicha iniciativa, en las situaciones excepcionales en la cuales para activar la ejecución de la sentencia se requiere instancia de parte, el juez de ejecución debería  remitir el expediente al archivo provisional, según directivas ya existentes.  El pedido de reactivación de la ejecución; en tal caso, debe dar lugar a la imposición de una multa por falta a los deberes de colaboración con el órgano jurisdiccional.

7.       UNA CULTURA DE EJECUCION DISTORSIONADA
De otro lado, todos somos parte de una indolente gestión de la ejecución de la sentencia laboral, que se traduce en malas praxis generalizadas y aceptadas como conductas procesales normales, a partir del mito según el cual, la aplicación supletoria del proceso civil en la ejecución,  debería suponer una ejecución a instancia de parte y no de oficio y un conjunto de conductas ultra formalistas[17], en las antípodas del carácter social y publicístico tanto del proceso civil como del proceso laboral, dando lugar a una cultura de litigación distorsionada de la ejecución de la sentencia, que contribuye a minar las bases de la reforma del proceso laboral, cuya idea central consiste en introducir un nuevo sistema[18] procesal basado en la oralidad, que no es otra cosa que concentración, informalismo, economía, celeridad, entre otros valores bacilares.
Es falso, entonces, que los actos del juez en la fase de ejecución de sentencia, deben ser dictados a pedido de parte, cuando, como se ha demostrado, la ley exige pedido de parte sólo para dar inicio a la ejecución de la pretensión amparada, salvo contadas excepciones contenidas en las reglas del proceso cautelar –aplicables a la ejecución de la sentencia- que exigen instancia de parte, como ya hemos explicado.
Además, las reglas excepcionales que exigen pedido de parte en ciertas modalidades cautelares “para futura ejecución forzada”, pueden fácilmente inaplicarse en el proceso laboral, recurriendo a la técnica de especificidad del proceso laboral respecto de la norma procesal civil, máxime si la aplicación supletoria de la norma procesal civil al proceso laboral está condicionada a su compatibilidad con la norma especial (el proceso laboral).


8.       LA ORALIDAD EN LA EJECUCION DE LA SENTENCIA LABORAL
La idea de oralidad, desde una visión sistémica, más que como mero mecanismo de comunicación oral dentro de la audiencia, refuerza este análisis, aplicada a la ejecución de la sentencia. La oralidad en el proceso laboral actual, en rigor, es mucho más que un principio de procedimiento. La oralidad en la NLPT nos trae la propuesta de un sistema procesal alterno al proceso escrito, pues plantea una forma sustancialmente diferente de “hacer proceso”. Ese prurito por lograr transparencia, eficiencia[19] y eficacia, no se agota en las audiencias públicas ni en la sentencia; se proyecta a la fase de ejecución, pues la optimización de sus resultados constituye una de las dimensiones del derecho fundamental a una tutela procesal efectiva: El adecuado y oportuno cumplimiento de lo decidido, a efecto de evitar que lo resuelto en la sentencia no se convierta en “letra muerta” o “papel mojado”.
Oralidad no es entonces solamente interactuación inmediata en el marco de las audiencias públicas entre los sujetos del proceso (juez, partes y órganos de prueba), en un contexto de concentración, inmediación y publicidad, para lograr la verdad, que provea al juez una base fáctica consistente para la aplicación del derecho y lograr con ello “cerrar el círculo” del servicio de impartición de justicia.  La oralidad, desde esta visión transversal del proceso, penetra e influye decisivamente en la manera de concebir todas las fases escritas del proceso oral. En efecto, el proceso oral tiene las siguientes partes escritas: La fase postulatoria, la sentencia, los medios impugnatorios y la fase de ejecución de la sentencia[20], que es justamente la que nos interesa resaltar en este análisis.
Esta influencia de la oralidad en las fases escritas del nuevo proceso laboral se manifiesta a través de esas mismas características: inmediación, concentración, celeridad, economía, publicidad y veracidad (artículo I del título preliminar de la NLPT), pero también a través de sus fundamentos, cuya enumeración enunciativa se encuentra en el artículo III del título preliminar de la NLPT: prevalencia del fondo sobre la forma, desigualdad por compensación, razonabilidad, rol protagónico del juez,  gratuidad, moralidad, debido proceso y tutela procesal efectiva.
9.       Todos estos valores trascendentales del proceso laboral, reunidos, forman una potente fórmula, que provee al proceso de ejecución laboral de un entramado principista y dogmático que lo pone en condiciones de: a) aplicar las normas de ejecución del CPC, separando y bloqueando todas las malas prácticas derivadas de una incorrecta aplicación e interpretación de sus reglas, basadas en la creencia -mito- de que todo en la fase de ejecución debe hacerse a pedido de parte; y b) Crear un conjunto de prácticas procesales (buenas prácticas[21]) orientadas y dirigidas a trasladar al proceso de ejecución laboral, los mismos rasgos de eficiencia y eficacia que gobiernan la gestión del proceso por audiencias hasta la sentencia[22].


10.   LA CLAVE, LA ACTITUD DEL JUEZ
La clave está una vez más en la actitud con la que el Juez laboral afronte el proceso de ejecución; dicha actitud también debe poseer los mismos rasgos fundamentales que vienen exigiéndose para afrontar el reto de la reforma en curso: liderazgo y creatividad. Liderazgo para trascender mediante conductas proactivas en la consolidación de una conducción de la ejecución de la sentencia libre de mitos, concepciones falaces y malas prácticas, y creatividad para encontrar soluciones inteligentes y compatibles con la Constitución y con el conjunto del ordenamiento procesal, frente a situaciones dudosas o difusas que sin duda se presentan en esta fase del proceso laboral.
Creemos que debemos diferenciar este esfuerzo por crear un proceso de ejecución laboral eficaz, respecto de la aplicación por parte del juez de ejecución, de instituciones de derecho material –Derecho del Trabajo por ejemplo- cuya utilización pueda ser reclamada en cada caso en concreto, como por ejemplo, el principio persecutorio del negocio, el cual puede ser invocado en la ejecución, aun sin haber sido materia de debate y pronunciamiento en la sentencia. Lo mismo puede decirse de la aplicación del principio de irrenunciabilidad de derechos para juzgar los actos jurídicos y documentos que pudieran presentarse en la ejecución de la sentencia para pretender acreditar el cumplimiento de las obligaciones puestas a cobro. En todos estos casos y en otros análogos, no estamos ante la aplicación de reglas procesales de ejecución, sino de principios o normas materiales, necesarias para definir las incidencias surgidas en dicha fase.

11.   PROPUESTAS CONCRETAS DE MEJORA EN LA EJECUCION DE LA SENTENCIA LABORAL, EN CLAVE DE ORALIDAD
Pero centrándonos en los aspectos estrictamente procesales, proponemos a continuación una lista –no exhaustiva[23]- de situaciones procesales que requieren un enfoque conforme a la oralidad entendida como sistema procesal, que, en última instancia, encarna el mandato constitucional de dotar de efectividad a la tutela procesal, una de cuyas manifestaciones esenciales es precisamente, la efectividad[24] de la ejecución de la sentencia.
Desde esta óptica, la oralidad en la ejecución de los procesos laborales por audiencias, es actuar con razonabilidad, evitando el exceso de formalismos (prevalencia del fondo sobre la forma), propiciando la concentración de los actos de ejecución[25], tomando “en serio” los imperativos categóricos de la celeridad y la economía, asumiendo el juez ejecutor el rol protagónico, al dirigir los actos de ejecución.  Es no perder de vista el carácter social y alimentario del proceso laboral y la necesidad de gestionarlo tomando en cuenta la debilidad social, económica y moral que sigue acompañando al trabajador, como parte débil de la relación procesal, también en la fase de ejecución; es poner mucha atención en la dimensión material del debido proceso, la cual se pone en entredicho cuando la ejecución se dilata excesivamente, lesionando además la efectividad de la tutela procesal, como principio y derecho fundamental.
Seguidamente presentamos un conjunto de sugerencias o propuestas que se fundan precisamente en el razonamiento precedente, y que propenden a un fortalecimiento de la ejecución de la sentencia laboral, a través de actuaciones sencillas, simples, cuya inmediata implementación sólo requiere de la decisión cotidiana del juez, al atender el despacho judicial. Se trata de pequeñas decisiones pero que vistas en conjunto, constituyen un bloque de actos para enfrentar de manera diferente la ejecución de la sentencia.  Sin duda no es todo lo que se puede cambiar en la ejecución de la sentencia laboral, pero lo interesante es la idea de hacerla distinta sólo a partir de las normas procesales vigentes y los valores que las inspiran; lo demás es sólo cuestión de actitud –la aptitud se presume- del juez.
Se trata entonces, de configurar una ejecución de la sentencia laboral ágil, inteligente, pragmática, concentrada, sencilla, gratuita, oficiosa, célere, económica, eficiente y eficaz; ello se debe lograr con acciones o actos fundados en la NLPT y también en la aplicación virtuosa del CPC, de los principios generales del proceso y de los principios del proceso laboral; la experiencia de estos 4 años, nos ha permitido acopiar un conjunto de ideas sencillas que podrían coadyuvar al propósito de empoderar la ejecución de la sentencia laboral para hacerla mucha más eficiente y eficaz; la enumeración de acciones para mejorar la ejecución que presentamos a continuación no es exhaustiva;  lo que procura es poner “en blanco y negro” algunas buenas prácticas de jueces laborales pero que son débiles en tanto no logramos generalizarlas o estandarizarlas; estas ideas sumadas a otras que pueden ir sumándose, podrían servir de base para promover consensos para construir una ejecución laboral mucho más efectiva, con lo cual honraríamos el artículo 139,3 de la Constitución.[26]:
a)      Es indispensable que el juez de ejecución y los auxiliares jurisdiccionales rompan definitivamente con la cultura escrituraria y excesivamente formalista que ha sido trasladada imperceptiblemente de la práctica del proceso anterior al nuevo proceso oral, lo cual supone afrontar la ejecución con una concepción y actitud distintas; es preciso entonces, asumir una visión de la oralidad como sistema procesal y no como mero principio de audiencia; desde esa perspectiva, la oralidad es una idea transversal que involucra también a la ejecución de la sentencia.
b)      La ejecución del proceso laboral debe desarrollarse de oficio, salvo el pedido de parte para dar inicio a las medidas de ejecución (artículo 715 del CPC), y algunas situaciones excepcionales descritas supra, las que el juez laboral puede aún restringir atendiendo al carácter especial del proceso laboral.
c)       El juez de ejecución debe sancionar severamente las conductas dilatorias o de mala fe, tendientes a dilatar u obstaculizar la ejecución, usando los artículos 15 y 62 de la NLPT. Además, la multa debe ser usada intensivamente ante el incumplimiento de cualquier mandato que no suponga obligaciones de dar.
d)      Se deben generar estándares o consensos entre jueces de todas las instancias[27] de la misma Corte –lo cual será la base para consensos nacionales- sobre la optimización de los actos de ejecución de la sentencia; ello aportará predictibilidad y mandará un mensaje de uniformidad y de cambio.
e)      Los costos y/u honorarios deben fijarse en todos los casos, en la sentencia, conforme al artículo 31 de la NLPT, con ello se ahorra ingente energía procesal en la ejecución y permite al juez premiar al abogado proactivo con la oralidad. 
f)       La liquidación de los derechos accesorios (intereses, remuneraciones devengadas, etc.) es de cargo exclusivo de las partes (artículo 63 de la NLPT); por lo tanto, el perito adscrito no interviene en el trámite liquidatorio ni emite dictamen pericial; limita su intervención a auxiliar a las partes que les soliciten orientación y a asistir contablemente al juez para determinar judicialmente el adeudo.
g)      No se deben dictar autos que declaren consentidas las sentencias, ni de oficio ni a pedido de parte (es una mala praxis), porque tal efecto jurídico –sentencia consentida- deriva ipso jure del artículo 123 del CPC[28]; tal actividad procesal obstruye la ejecución.
h)      El embargo debe abarcar el capital y los derechos accesorios, aun cuando estos todavía no estén determinados en monto exacto, para lo cual el Juez hace una proyección aproximativa de tales adeudos.
i)        Si ya existe medida cautelar al iniciar la ejecución, no es necesario requerir al pago al obligado; el juez debe iniciar directamente la ejecución forzada (Art. 715, segundo párrafo del CPC).
j)        En ejecución de sentencia, sólo debe utilizarse la notificación electrónica[29], conforme al artículo 13 de la NLPT, descartándose las otras formas de notificación previstas en la NLPT para evitar confusiones o inconvenientes en el cómputo de los plazos, lo que genera dilación.
k)      Las apelaciones, en ejecución de sentencia, se conceden sin efecto suspensivo y sin la calidad de diferida, para no obstruir la ejecución del principal; salvo que la ausencia de trámite de ejecución pendiente, haga aconsejable elevar el principal.
l)        Una vez resueltos por el superior los cuadernos de apelación sin efecto suspensivo y sin la calidad de diferida, debe comunicarse la decisión al juez de ejecución, por la vía telemática más rápida, sin demora ni dilación alguna, para coadyuvar a una pronta ejecución.
m)    Los cuadernos–de apelación, cautelares, etc.- deben formarse con el número mínimo de copias, por economía y celeridad; debe propenderse progresivamente al uso de la información contenida en el expediente electrónico albergado en el Sistema Integrado Judicial –SIJ- en los lugares donde ya se cuenta con este soporte tecnológico, donde constan a texto completo la mayoría de actuaciones.
n)      En Cortes grandes deben designarse jueces dedicados exclusivamente a la ejecución de las sentencias, para sub especializar su tratamiento y para optimizar los resultados, permitiendo así que los demás jueces centren su atención en la solución de los procesos por audiencias.
o)      En la ejecución de obligaciones de dar contra el Estado, los jueces de ejecución deben aplicar la doctrina jurisprudencial constitucional[30] que les impone el deber de controlar judicialmente las programaciones de pagos de deudas, para lograr una oportuna y ponderada ejecución, por estar en juego valores constitucionales. Esta política judicial puede aliviar la grave situación social que esta problemática genera.
p)      También en las ejecuciones de obligaciones de dar contra el Estado, el Juez debe concentrar la ejecución del capital, los intereses y costos, exigiendo desde el inicio una única programación, incluyendo los derechos accesorios, para que en caso de incumplimiento, permita al juez dictar embargo sobre la totalidad de la deuda. La programación del pago facilitará el cálculo de los intereses.
q)      En los procesos contra el Estado, se debe identificar correctamente quién es la entidad legitimada como parte pasiva, y a partir de allí propiciar la intervención excluyente del Procurador Público. Los órganos de la entidad no deben intervenir en el proceso, porque no están legitimados (Art. I del título preliminar de la ley del procedimiento administrativo general 27444, concordante con el Art. 17 de TU0 de la ley del proceso contencioso administrativo). 
r)       Se deben definir todos los aspectos económicos de la controversia en la sentencia, evitando diferir aspectos liquidatorios para la ejecución (ej. Las vacaciones no gozadas cuando el trabajador tiene vínculo laboral vigente), para evitar complejizar la ejecución (Art. 31 de la LPCL).
s)       Los Presidentes de Corte deben reforzar el Cuerpo de Peritos Adscritos, contratando el número suficiente y cualificando su intervención de acuerdo a los fines de una ejecución célere y concentrada.
t)       No debe desnaturalizarse el rol de los peritos adscritos al juzgado; su papel no es procesar información de pagos (las antiguas revisiones de planillas) ni hacer pericias; dicha labor deben cumplirla las partes, merced a sus cargas probatorias y/o deberes de colaboración[31]; el papel del perito adscrito es ilustrar al juez al decidir los aspectos liquidatorios del proceso[32].
u)      El juez de ejecución debe preservar el carácter no suspensivo de la casación laboral, previsto en el artículo 38 de la NLPT, evitando vaciar de contenido esta regla bacilar del nuevo proceso. Por lo tanto, la suspensión de la ejecución, únicamente respecto de obligaciones de dar suma de dinero, es excepcional, a pedido de parte y previo depósito a nombre del juzgado de origen o carta fianza; lo que supone que la regla general es que también las obligaciones de dar se ejecutan aun existiendo casación
v)      La ejecución de las obligaciones de dar en procesos con casación, en los que no se ha dispuesto válidamente la suspensión de la casación, en la forma prevista por el artículo 38 de la NLPT, involucra inclusive la entrega del dinero al trabajador; esa es la ratio de la norma indicada.
w)    Se debe capacitar de manera especial, a los auxiliares jurisdiccionales a cargo del proceso de ejecución laboral para lograr plasmar en los hechos, los valores de la oralidad y de la efectividad de la tutela procesal.  

12.   CONCLUSIONES
·         Existen muchos mitos y malas prácticas que rodean la ejecución de la sentencia en el proceso laboral oral, tornándola ineficiente e ineficaz; los importantes son que el juez no tiene iniciativa en la ejecución de la sentencia y que todo debe ser excesivamente formal y burocrático.
·         Esta situación se puede revertir interpretando correctamente las normas de la NLPT y el CPC, las cuales extienden a la ejecución de la sentencia el deber del juez de promover de oficio el proceso, según los valores de economía, celeridad, concentración, gratuidad y prevalencia del fondo sobre la forma, salvo escasas excepciones.
·         La oralidad es un concepto transversal que no se aplica solamente a las audiencias, sino también a las fases o momentos escritos del proceso, como la postulación, los medios impugnatorios y la ejecución, a través de los rasgos que la configuran.
·         Los jueces laborales, en ejercicio de su rol protagónico, pueden revertir –con liderazgo y creatividad- la todavía subsistente cultura ultra formalista y dispositiva, en la ejecución de la sentencia, con buenas prácticas debidamente consensuadas y estandarizadas.

BIBLIOGRAFÍA:

v  MONTERO AROCA, Juan, “Los principios políticos de la nueva ley de enjuiciamiento civil. Los poderes del Juez y la Oralidad”, ed. Tirant lo blancha, Valencia, 2001.
v  PASCO COSMOPOLIS, Mario, “Oralidad, el Nuevo Paradigma”, Soluciones Laborales número 25, enero de 2010, pág. 55.
v  TARUFFO, Michele; “Oralidad y Escritura como Factores de Eficiencia en el Proceso Civil”; en “Páginas sobre la Justicia Civil; Proceso y Derecho, Marcial Pons, 2009, págs. 245 a 267.
v  TOLEDO TORIBIO, Omar, “La Oralidad en la Ejecución de los procesos laborales” (documento difundido por la ETTI Laboral en 2014).

ARTÍCULO:
v  PAREDES PALACIOS, Paúl, “La oralidad en el nuevo proceso laboral peruano y el acceso a la justicia (al sistema jurídico laboral), Facultad de Derecho, Maestría en Derecho con mención en Derecho Procesal, Pontificia Universidad Católica del Perú.




[1] Presidente de la Primera Sala Laboral de la Corte Superior de Justicia de La Libertad; docente de pre y pos grado de la Universidad Nacional de Trujillo.
[2] En realidad, se trata de un proceso de cambio cultural de largo aliento, en el que se requieren muchos componentes extra normativos, entre ellos, capacitación constante, actitud vigilante para luchar contra las tendencias reactivas y regresivas, que aparecen en el seno de la reforma disfrazadas de “criterios” judiciales; mucho apoyo político y administrativo y un liderazgo constante de los jueces, como principales artífices, a través de sus actos jurisdiccionales, del cambio profundo que se necesita para contar finalmente con un proceso auténticamente oral.
[3] En definitiva, serán los jueces laborales del  Perú, los que a la larga dirán, a través de sus resoluciones, que debemos entender por “oralidad”.
[4] Entendida como el momento procesal en que se aducen razones o se presentan las pruebas en juicio un juicio oral y público, para obtener en forma inmediata la decisión judicial.
[5] En este último caso, la NLPT remite a la ley del proceso contencioso administrativo,  actualmente en su texto único ordenado aprobado por D.S. 013-2008-JUS.
[6] La cual no parece ni necesaria ni útil atendiendo a que ya casi no hay que alegar ni probar sino cumplir la obligación contenida en el título de ejecución; y, alegar y probar el cumplimiento de la obligación o su extinción, según el artículo 690-D del Código Procesal Civil; de ahí la poca utilidad práctica de la audiencia prevista en el artículo 690-E del CPC.
[7] El término ha sido utilizado por el Profesor Paúl Paredes Palacios  para denotar que debemos entender a la oralidad como aquella que se plasma en cada acto del Juez, que significa hacer vigente los principios y valores que se encuentran en el fondo de la reforma.
[8] El mismo profesor Paúl Paredes Palacios, en su artículo “La oralidad en el nuevo proceso laboral peruano y el acceso a la justicia (al sistema jurídico laboral)”, define a la oralidad como la necesidad de interacción entre los partícipes, en las audiencias, para actualizar las pretensiones, las defensas y los medios probatorios a fin de permitir, al juez, a su conclusión, la construcción del sustento fáctico-jurídico de su decisión. Oralidad es, a su vez y por lo menos, inmediación, concentración, celeridad, economía procesal, veracidad, publicidad.
[9] Artículos 57 a 63 de la NLPT.
[10] Arts. 715 y 716 del CPC.
[11] Así lo prevé la primera disposición complementaria de la NLPT: “En lo no previsto por esta Ley son de aplicación supletoria las normas del Código Procesal Civil”.
[12] El ya citado profesor Paúl Paredes Palacios, nos advierte de los riesgos y amenazas que penden sobre el proceso de reforma; una de estas amenazas es precisamente la concepción equivocada del papel que cumple el código procesal civil como norma supletoria del proceso laboral; ello no lo convierte al citado código en necesariamente malo; lo malo es la cultura excesivamente formalista de quienes creen aplicarlo correctamente; ad literam, señala: En este intento de reformar la justicia laboral peruana ya han aparecido varios enemigos. Los dos enemigos más resaltantes son el Código Procesal Civil y nosotros mismos (los operadores y usuarios del sistema judicial). El Código Procesal Civil porque los intentos de una mecánica y simplista aplicación supletoria (en todo lo que le falte al nuevo proceso) terminarán por desnaturalizarlo y por volver escrito y formal lo que se propone sea oral e informal; y nosotros mismos porque la inercia y la facilidad de lo ya conocido nos impide explorar nuestras alternativas de hacer una justicia más eficiente”. Op. Cit. página 26.
[13] Ejemplos de normas del código procesal civil que sí requieren pedido e impulso de parte son las referidas a: Separación de cuerpos, título supletorio, responsabilidad civil de los jueces, el lanzamiento en el desalojo (artículos 480, 505, 509, 592 del  CPC).
[14] Recuérdese, en esa misma línea de razonamiento, que ningún juez puede iniciar un proceso de oficio, sin embargo, una vez interpuesta la demanda, la intervención del órgano jurisdiccional es de oficio. También el proceso cautelar contiene una norma similar para activar el proceso cautelar (artículo 608 del CPC), cuando prescribe que “todo juez puede a pedido de parte dictar una medida cautelar”, lo que denota el uso de la misma técnica utilizada al regular el proceso de ejecución. La frase “a pedido de parte” no significa pues que todo acto de ejecución debe ser a pedido de parte, sino únicamente el pedido inicial que da origen al proceso de ejecución o al proceso cautelar.
[15] Omar Toledo Toribio señala al respecto: “Si bien la ejecución de la sentencia se considera tradicionalmente que debe ser impulsada a petición de parte no existe ningún impedimento para que el juez pueda realizar actos procesales, como los reseñados en el punto anterior, tendientes a lograr la ejecución de la sentencia y con ello dar por culminada definitivamente la tramitación del expediente”; en “La Oralidad en la Ejecución de los procesos laborales” (documento difundido por la ETTI Laboral en 2014).
[16] Por ejemplo, en el proceso cautelar, regulado en el proceso civil, y de aplicación, mutatis mutandis al proceso laboral, existen muy pocas –y excepcionales- normas que condicionan la intervención del juez al pedido de la parte; estas son: a) Enajenación de bienes perecibles: artículo 618; b) Daños y perjuicios por medida cautelar innecesaria o maliciosa, artículo 621; c) Reactualización de la medida cautelar, artículo 625; d) Sanción al Secretario por causar daños y perjuicios al ejecutar una medida cautelar, artículo 626; d) Inmatriculación del inmueble en la medida cautelar cuando carece de inscripción registral o está inscrito a nombre de otra persona, artículo 650 CPC; e) Cateo en el embargo en depósito o en secuestro, artículo 653.
[17]Esto está dando lugar a un aumento descontrolado del tiempo de la ejecución de la sentencia, además de problemas de sobre-carga y dificultades en la gestión operativa de los procesos que se encuentran en fase de ejecución.
[18] PASCO COSMOPOLIS, Mario, “Oralidad, el Nuevo Paradigma”, Soluciones Laborales número 25, enero de 2010, pág. 55.
[19] Sobre la relación entre oralidad y eficiencia en el proceso, puede verse: TARUFFO, Michele; “Oralidad y Escritura como Factores de Eficiencia en el Proceso Civil”; en “Páginas sobre la Justicia Civil; Proceso y Derecho, Marcial Pons, 2009, págs. 245 a 267.
[20] Así se desprende de los artículos 16, 19 y primera disposición complementaria de la NLPT; pues todos ellos aluden a la aplicación supletoria del CPC que regula el trámite escrito de estas fases o etapas. 
[21] Se debe potenciar la utilización del concepto “buenas prácticas” procesales para denotar el empoderamiento de los operadores de la justicia –jueces y abogados- por realizar los actos procesales en sentido opuesto a las costumbres inveteradas impuestas por  prácticas procesales mecánicas e irreflexivas que le hacen un grave daño al servicio de justicia.
[22] Los jueces laborales de todas las instancias y la doctrina científica comparten la gran responsabilidad de burilar los contornos de esta nueva actitud para enfrentar los desafíos que nos presenta el proceso de ejecución laboral, a efecto de evitar vaciar su contenido social, publicístico y oral.
[23] Se trata en realidad de un conjunto de supuestos que surgen de la reflexión crítica del problema en cuestión, pero fundamentalmente, de la praxis jurisprudencial. Los supuestos que a continuación se enumeran importan entonces, una lista provisional e incompleta, llamada a ser mejorada, y hasta superada, por nuevas iniciativas, creaciones e interpretaciones, dirigidas a hacer de la ejecución laboral un espacio de oralidad, desde una visión transversal, es decir, concebida como valor dirigido a alcanzar la efectividad de la tutela procesal, también, en la fase de ejecución.
[24] En efecto, en las Sentencias 0015-2001-AI/TC, 0016-2001-AI/TC y 004-2002-AI/TC, el Tribunal Constitucional ha dejado establecido que “[e]l derecho a la ejecución de las resoluciones judiciales no es sino una concreción específica de la exigencia de efectividad que garantiza el derecho a la tutela jurisdiccional, y que no se agota allí, ya que, por su propio carácter, tiene una vis expansiva que se refleja en otros derechos constitucionales de orden procesal (...). El derecho a la efectividad de las resoluciones judiciales garantiza que lo decidido en una sentencia se cumpla, y que la parte que obtuvo un pronunciamiento de tutela, a través de la sentencia favorable, sea repuesta en su derecho y compensada, si hubiere lugar a ello, por el daño sufrido” [fundamento 11].
[25] Según Juan Montero Aroca en su obra “Los principios políticos de la nueva ley de enjuiciamiento civil. Los poderes del Juez y la Oralidad”, uno de los principios de la oralidad es la concentración de la sustanciación de la causa en un período único,  decir oralidad es como decir concentración,  pues ésta constituye la principal característica exterior del proceso oral, y la misma se refiere tanto a los actos procesales en sí, los cuales deben realizarse en unas pocas audiencias próxima unas a otras, de modo que no se corra el peligro de que las impresiones recogidas en la memoria del juez se borren, siendo éste,  también, uno de los principios trascendentales de la oralidad  en el Proceso Laboral.
[26] La mayoría de estas ideas-propuesta vienen siendo ya practicadas por la judicatura de la Corte Superior de Justicia de La Libertad,  originadas en la jurisprudencia producida por sus órganos jurisdiccionales o como consecuencia de los constantes diálogos y reuniones de coordinación de los jueces orales, con sólido basamento en la norma procesal y en sus fundamentos.
[27] Para ello la ETTI laboral y las Cortes Superiores deben imponer administrativamente la obligación de reuniones periódicas y de reportar los acuerdos arribados.
[28] Esta norma prescribe cuando una resolución adquiere la calidad de cosa juzgada; uno de los supuestos normativos es cuando las partes no interponen los medios impugnatorios en su oportunidad.
[29] En las Cortes y sedes en las que ya está implementada.
[30] STC del Tribunal Constitucional recaída en los expedientes acumulados N. º 015-2001-AI/TC, N. º 016-2001-AI/TC y N. º 004-2002-AI/TC COLEGIO DE ABOGADOS DE ICA, DEFENSORÍA DEL PUEBLO.
[31] Artículos 23, 11 y 29 de la NLPT.
[32] Artículos 28 y 63 de la NLPT.

jueves, 5 de marzo de 2015

POLÍTICA: REALIDADES Y FANTASÍAS.





Solicito a todos los cibernautas mantener siempre su objetividad y no presumir afiliaciones ni menos, aversiones de mi parte; pues sólo pretendo reflexionar sobre lo que ha quedado de organizaciones políticas hábiles y con volumen de adherentes que los habilite para resultados seguros. Todo lo demás se verá en el campo de batalla.
    



POLÍTICA: REALIDADES Y FANTASÍAS

Guillermo G. Guerra C.

                                          Lo que el viento se llevó

Pasadas las elecciones de octubre de 2014 y acabadas las esperanzas de unos, como satisfechas las de otros, queda por examinar la suerte de las organizaciones políticas que participaron en ella. Las elecciones regionales de La Libertad convocaron a 11 organizaciones y, en éstas, el partido Alianza Para el Progreso, liderado por César Acuña Peralta, alcanzó la presidencia regional; mientras que en el caso de la Municipalidad Provincial de  Trujillo fue el partido Movimiento Regional Para el Desarrollo con Seguridad y Honradez, liderado por Elidio Espinoza, el que alcanzó la Alcaldía Provincial y obtuvo el triunfo entre 10 organizaciones participantes. No ha corrido aún un semestre, cuando ya se anotan defecciones en alguno de los movimientos de éxito. Ya se ha anunciado que las alianzas quedaron fuera de registro, así como las organizaciones que no alcanzaron el mínimo. Esta penosa decisión será información de la autoridad electoral. El gran asunto es el  saldo de organizaciones que se han pintado con posibilidades para las elecciones nacionales, mirando el panorama nacional. El tema es denso


Se discuten ya en el Congreso modificaciones a la legislación electoral, particularmente, respecto a los perfiles de candidatos como lo relativo al voto preferencial. En este orden debo insistir en que el problema de fondo no son los temas referidos y menos aún la supresión del voto preferencial, pues semejante posibilidad, pondría la suerte de los partidos o alianzas en manos de las cúpulas dirigentes y les daría oportunidad de manejar los lobbies con mejores posibilidades, por las secuelas que tal supresión conlleva.


El Problema central

Si bien el  fracaso en un proceso electoral suele deprimir los ánimos y generar ausencia de militantes y hasta indiferencia, el triunfo no es menos  riesgoso y convocará a que muchos vivos se suban al tren y desplacen a los que pusieron hasta la camisa y si la militancia fue composición de oportunidad, en los momentos álgidos fugarán; unos, por resentimiento y, otros, por interés personal. ¿Cuáles son los elementos que permiten una soldadura firme en la organización? Estos serán, por un lado, la doctrina y las ideologías que la alimentan y de otro lado, la realización de sus militantes en la dinámica organizacional. ¿Qué perspectivas podría encontrar la juventud pensante  en una organización “política”  que sólo supone un grupo de amigos con   aspiraciones de individuos en el círculo de sus propios intereses? Al final, muchos se sentirán como tontos útiles o muy vivos porque aprovecharon las campañas.


¿El Apra ya murió?

Conocidos los resultados electorales, la emotividad las enfiló contra el partido aprista y corrieron por las redes sociales sones de entusiastas tambores con el grito fantasioso del “Apra ya murió”.  Desde mi punto de vista, el APRA fue y es la colectividad triunfante  y es posible que aproveche esta situación para echar a volar en las próximas elecciones; pues tomando como referencia Lima y Trujillo, a pesar de los problemas que afronta, obtuvo resultados inesperados. En este caso, los responsables de la dirección partidaria deben proceder con generosidad y coherencia y ser consecuentes con los gritos de “Los viejos a la tumba y los jóvenes a la acción”, oración acuñada por Gonzales Prada y muy vitoreada por la juventud aprista de los años 50 al 70. No fue ni es un secreto que el candidato del PAP perdió en Lima porque se batió sólo y por las “omisiones” y contradicciones en el seno de su partido y, por lo mismo, no remontó en Trujillo.


Alianza Para el Progreso

Si bien es la colectividad triunfante en lo Regional, perdió la Provincia de Trujillo y la brecha no tuvo la extensión que se prometía, lo cual, en buena cuenta, opacó el entusiasmo de muchos y les obliga, en el ejercicio de gobierno, a proceder con mucha cautela; pues ya se ciernen las sombras de la revocatoria. Su desventaja es la ausencia ideológica y de un panorama para el desarrollo de la juventud, al interno de su partido. Las aspiraciones presidenciales de su líder es su fortaleza, garantizada por una plataforma logística que no tienen otras colectividades.


Movimiento Regional para el Desarrollo con Seguridad y Honradez

Surgió con las esperanzas de un Trujillo seguro, pero, ni la seguridad  ni la honradez constituyen conceptos que armen una ideología; de modo que, su porvenir dependerá de la calidad en el ejercicio del gobierno que se le ha confiado y de proveer a su colectivo de elementos que afirmen una convicción en proseguir en sus afanes políticos.


Un adicional

No es mi intención ningunear a partidos nacionales y movimientos regionales que participaron en el proceso eleccionario, sólo que existe en ellos particularidades e importancia que requieren mayor espacio. Tampoco es mi intención de meterme de chismoso en casa ajena, sólo ejerzo el derecho de opinión;  de modo que,  no termina aquí mi tarea. 

Trujillo-Perú.
Elecciones regionales y municipales.
Octubre 2014.

lunes, 23 de febrero de 2015

UNIVERSIDAD:NATURALEZA Y GOBIERNO



Cibernautas, todos: En conformidad con la nueva ley se realizarán elecciones para elegir a los representantes del gobierno institucional de la Universidad Nacional de Trujillo, es decir elección de Rector y Vicerrectores y se ha puesto muchas esperanzas de que estas elecciones señalen nuevos rumbos en el modo y forma de hacer gestión académica, sobre la base de la honestidad y de la real personalidad académica. Nuestra universidad, de la cual muchos somos egresados y ejercido actividad académica y de gestión confiamos en la solidez de la inteligencia que se guarda en la universidad y que ello no sea el reflejo de lo que sucede en las elecciones generales del país en las que pese a las evidencias se elija a más de lo mismo y peor que se recurra a formas o métodos que debieran ya ser superados, acomodando los pisos para medrar y continuar con la debacle institucional.
¡DIOS SALVE A LA UNT!  


UNIVERSIDAD: NATURALEZA Y GOBIERNO

Guillermo G. Guerra C.
Naturaleza Orgánica

La universidad en el Perú, por disposición de la Constitución de la República y la Ley 30220 es, orgánicamente, una comunidad de profesores, estudiantes y graduados, concepto tradicional en nuestro derecho nacional, relativo a la naturaleza de la universidad. En efecto, desde el Estatuto Universitario de 1946 (Ley 10555) hasta la reciente Ley 30220  han mantenido la naturaleza comunitaria de la Universidad y ello, tanto para universidades públicas como privadas.
En los textos legales universitarios  se emplean términos diversos, como asociación, corporación, entidad o comunidad; siempre, integradas por maestros o profesores, estudiantes y graduados. Desde mi punto de vista, este rango le fue también propio para las universidades fundadas por particulares en el  marco del Decreto legislativo 882, desgraciadamente con distorsiones, consecuencia de la contradicción entre promotora (elemento externo), sujeto de propiedad y universidad (elemento sustancial), objeto de propiedad; situación que, en el caso de las universidades particulares, hace de la universidad un híbrido de dos organizaciones: la universidad, persona jurídica, a la que le corresponde cumplir los fines que la ley le atribuye a la universidad y las organizaciones  civil, comercial o cooperativa a las que les corresponde promover, conducir y gestionar la universidad que fundaron, ¿qué significa esto? Simplemente, la mutación del bien público o cosa pública en bien o cosa privada, es decir, el bien educativo es aquí cosa de comercio.   


 El Gobierno Universitario

El gobierno de las instituciones universitarias, definidas como corporaciones o comunidades emerge de su propio seno; mientras que en los establecimientos, como  los centros educativos, los titulares de su administración son impuestos del externo de ellos. Resulta así que las universidades constituyen sus propios órganos de gobierno y estando integradas por profesores, estudiantes y graduados son éstos estamentos los que participan en su composición, precisando cada ley los procedimientos y las cuotas correspondientes. Sin perder de vista que esto está desde los orígenes de las universidades que se diversifican en su evolución y se asimilan al orden legal de cada Estado.
En el Perú, durante muchos años, las universidades se organizaban como establecimientos pero, como consecuencia de jornadas de luchas estudiantiles, se consiguieron reformas en las legislaciones que se plasmaron en el reconocimiento de la universidad como comunidad o asociación académica y por ende en el Cogobierno de profesores, estudiantes y graduados, fundamentalmente de los dos primeros, estamentos presentes en la ebullición académica.
La nueva ley universitaria mantiene estos principios, plenamente definidos en las universidades públicas y vacilantemente  en las universidades particulares.


Elecciones democráticas

La calificación de democrática, tiene que ver con la representatividad como sistema de participación para el ejercicio del gobierno institucional y es éste el sistema previsto en la ley, de modo que el proceso por el cual los estamentos elegirán a sus representantes ha de serlo en condiciones de que se garantice la participación efectiva de cada uno de los integrantes de cada estamento. Una de esas condiciones es que la institución se encuentre en plena actividad, lo cual es válido en especial para los estudiantes, toda vez que esta condición se acredita con la matrícula efectiva; pues, culminado un ciclo  semestral o anual, esa situación queda en suspenso hasta la inmatriculación en el ciclo correspondiente y, se entiende, que los padrones de estudiantes para cada elección, se han de integrar con estudiantes con matrícula vigente y esto ha de ser corroborado por el agente fiscalizador del proceso, más allá del comité electoral. Si esto no fuera así, se estaría jugando la validez del proceso y quedarían serias dudas de su limpieza.


Importancia de la representación estudiantil

Esta mención no importa que la representación docente sea menos importante o no importante, sólo que los docentes asumen la responsabilidad de la formación académica y profesional en condiciones de funcionarios o de trabajadores y, por eso, conllevan una carga no siempre compatible con las correcciones necesarias al sistema. Esto vale tanto para universidades públicas como particulares. De allí que tradicionalmente el peso de la confianza haya incidido en el estudiante, lo cual no excluye que miembros de esta representación traicionen los ideales necesarios para la eficiente y eficaz definición de políticas y controles y hasta traicionen el sistema mismo de la representatividad hipotecando sus conciencias e incurriendo en actos de deshonesta administración o defenestrando la esencia misma de su mandato.
Po ello, un proceso que enerve la participación electoral del universo estudiantil o docente es un proceso írrito y sujeto a serias responsabilidades de los órganos de dirección del proceso.


Elecciones en ciernes

Es público y notorio que en la Universidad Nacional de Trujillo se viene desarrollando un proceso para elegir al Rector y a los Vicerrectores y que se encuentra en la segunda vuelta, de modo que como éste se conduzca y finalice dependerá el futuro inmediato de esta Casa de altos estudios, alma mater de numerosos profesionales, quienes hemos tenido que confrontar como la institución se ha visto envuelta en serios problemas que tienen que ver con la ética de gobierno y administración y surge la esperanza de que ello se remonte y se recobre el prestigio que siempre conllevó esta sagrada insignia. 

Sin lugar a dudas, el peso mayor de la responsabilidad la llevan los profesores, como el estamento pensante y responsable de reflejar el ejemplo que las juventudes esperan.

lunes, 19 de enero de 2015

LA HORA DE LA VERDAD





Estimados cibernautas, terminadas las elecciones y asumidos los cargos de gobierno local y regional, hemos de asumir una actitud positiva y contribuir en todo lo que nos fuera posible para que las autoridades trabajen en orden a los programas que promovieron y cuya realización prometieron, sobre la base de una conducta honesta, lejos de protagonismos y de cara a obtener el máximo de eficiencia y de eficacia en sus acciones. Es esta la razón de las líneas siguientes. 


LA HORA DE LA VERDAD


Vencida la primera quincena del mes de enero y en curso las nuevas autoridades de los gobiernos regional y local, es el momento de iniciar el cumplimiento de las promesas hechas en campaña; como también, evaluar el panorama de la organización política.

¡Ahora, es cuando!
No pocas de las autoridades elegidas, apenas tomada posesión de los cargos, iniciaron   de inmediato las quejas sobre la escasez de rentas, las cuentas por pagar, las obras inconclusas y sueldos y salarios no pagados por largos periodos, que hacen incomprensible el cómo hayan podido vivir sin los necesarios ingresos a los que todo trabajador tiene derecho. Todo ello, no puede tomarse como algo no sabido y quienes postularon a los cargos tenían que contar con esas dificultades y, desde ese punto, medir sus promesas; pues la realidad no es mero deseo y tiene que ajustarse a lo posible, lo cual depende, de los recursos financieros, potenciales humanos, tecnología y de todas las demás condiciones para realizar una gestión pública de éxito. Como siempre, ahora, en la cancha, es cuando hay que demostrar que se puede llevar la gestión pública, mejor que la realizada por los que ya se fueron, lejos de lamentos vanos, de buscarle tres pies al gato y de amenazar a los trabajadores o de exhibir ilimitada autosuficiencia o de innecesaria soberbia. Ahora es cuando deben demostrar su vocación de servicio y no, de servirse del cargo para fines de beneficio y de riqueza personales.

Administración pública y administración privada.
La gestión pública es realización de la ley y sus fines y objetivos son la rentabilidad social. Ello supone distinguir lo técnico de lo político. No se trata de la administración de un negocio privado, cuyo objetivo fundamental es la rentabilidad económica, con un ámbito amplio para la toma de las decisiones. En cambio, la gestión pública está predeterminada,  su actuación limitada por la competencia  y por un complejo de convenciones para lograr el equilibrio institucional. A la gestión privada le importa más el aprovechamiento de los costos de oportunidad y la maximización de la rentabilidad; mientras a la administración pública le corresponde el sostenimiento del equilibrio social,  macro económico, la seguridad y el bienestar general.        
De allí que resulte una huachafería el pretender  mejorar la gestión pública, homologando las denominaciones de los cargos de dirección o lo regímenes legales del personal haciendo de los funcionarios públicos funcionarios privados, desconociendo la diferencia de los fines. Peor todavía, organizar los servicios públicos bajo el régimen propio de empresas privadas, generándose híbridos que no son ni empresas de derecho público ni empresas de derecho privado.
Democracia, Planificación y Acción
Los gobiernos regional y local han de partir del concepto y del hecho de que sus gestiones han de conducirse en un armonioso discurrir entre autoridades y población civil, para cuyos fines la ley ha facilitado la necesaria organización. Por otra parte han de mantenerse las necesarias comunicaciones internas y externas, de modo que las decisiones sean conocidas, realimentadas, adoptadas y ejecutadas armoniosamente. Todo el proceso ha de conducirse sobre la base de planes y programas que se traducen en el presupuesto y se proyectan en su ejecución. La supervisión y el control cautelarán el buen uso de los recursos y estas tareas tienen que ver con la indispensable honestidad de la gestión.
Por el bien de la región y de las municipalidades todos hemos de contribuir al éxito de sus gobiernos.