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El presente Blog incluye escritos jurídicos, educacionales y comunicológicos de mi producción intelectual, como tmb escritos de otros autores.






martes, 13 de noviembre de 2012

SOCIOLOGÍA PUPULAR. MENCIONES EN HOMENAJE


SOCIOLOGÍA POPULAR
PÁGINA DE DEDICATORIA




En homenaje a Luis Felipe  de la Puente Uceda, hombre de fe en la justicia,  revolucionario con gran sentido cristiano, romántico,  generoso  y heroico en su consecuencia de querer hacer del Perú una patria para todos, a costa de su propia vida, nunca de vidas inocentes




A los jóvenes, para que con independencia y libertad no desmayen en  marcar surcos de consecuencia, manteniendo en alto las banderas de honestidad, trabajo consciente y constante camino al bien común y a la justicia social.  


Alguien me preguntó por qué dedicaba  este libro al revolucionario Luis de la Puente Uceda.
Mi respuesta fue: Por sentimiento, conocimiento y convicción.

Sentimiento, porque allá por los años del segundo tercio de los 50, entre el 54 y el 60  participábamos de la experiencia en la lucha por la autonomía universitaria y el derecho de las juventudes a expresarse democráticamente en la constitución de los órganos de gobierno. Discutíamos (no disputábamos) sobre concepciones y métodos para tales fines, militando en grupos diferentes, él, en la célula aprista y yo, en la  demócrata cristiana, siempre con respeto y consideración. Percibí entonces en él un espíritu con sentido cristiano, lo cual nunca recusó y más bien lo afirmó y reafirmó en su vida personal.

Conocimiento, pues me consta  su vocación democrática y socialista, no sólo por los coloquios  esporádicos, sino por su participación en encuentros o conversatorios polémicos que se organizarán en la “Academia Cosmos”. En uno de estos eventos el expuso con mucha firmeza sus  ideas  socialistas y democráticas frente a la propuesta marcadamente marxista-leninista de un apreciado intelectual de mucho prestigio, centrando el asunto, en los aspectos de formas de gobierno y modelos económicos. De la Puente afirmó, entonces, que el sistema económico ruso era un capitalismo de Estado.

Convicción, por estar,  yo, convencido de su espíritu revolucionario y libertario en un auténtico sentido  de lucha a favor de las clases menos favorecidas y de terminar con la alternancia oligárquica en el poder. Fue así que separado de su partido, por su desacuerdo con las transacciones con las oligarquías, las cuales recusábamos en los predios universitarios y ellos tenían que resistirlas y hasta justificarlas con aparente adherencia. Viajó a Cuba y dio testimonio del proceso allí instaurado. Percibió, entonces, que la Social Democracia en la que él había puesto su fe política, era menos socialista y cada vez más formalmente democrática, de manipulación de masas y no de servicio a las mismas. Asediado y amenazado por fuerzas oscuras y, dadas las circunstancias, se alzó en armas contra el poder formal en una lucha romántica y yo diría en una lucha de cuerpo a cuerpo, pues sólo él y sus enrarecidas huestes, entre las cuales marcharon algunos buenos amigos y, así, llevarían adelante los combates sin amenazar a los pueblos, ni enrolar adolescentes o campesinos y, mucho menos, a niños. 

Una lucha con la esperanza de redimir a los sufridos trabajadores agrarios de los latifundios y a los trabajadores de las minas, quien sabe los más sufridos, entonces.  Precisamente, esto dice de su consecuencia revolucionaria, no sólo en el discurso o el blando destierro; sino, dando muestras de desprendimiento, pues entregó sus bienes a sus campesinos y se sacrificó a sí mismo a sus ideales.

Ahora, Ustedes me dirán si estas no son razones suficientes.  








A mis hijos, nietas y nietos
Con la esperanza de que sepan siempre escoger los caminos de la superación honesta y de la justicia social.
   






En la memoria de mis amigos
Valentín Paniagua, Amado Ezaine Chávez, Orlando Hernández Díaz, Rodolfo Armas Blengeri y de todos  los que ya no nos acompañan y de los que aún trajinan por estos surcos contingentes, alimentando siempre las esperanzas de llevar el mensaje evangélico más allá de los predios políticos que luchan por el poder temporal.


















Mi reconocimiento al Diario  La Industria de Trujillo, de la que tengo el honor de ser uno de sus colaboradores, desde los años de Carlos Manuel Porras, y  al Diario El Satélite,  instituciones enraizadas en  la vida colectiva de Trujillo.





Reconocimiento y Homenaje a pioneros de la cultura
André Ulises Calderón, Virgilio Rodríguez Nache, Marco Antonio Corcuera, José Eulogio Garrido, Julio Garrido Malaver, Pedro Azabache y Hernán Miranda Cueto,  en ellos a todos lo que día a día aportan de modo positivo y optimista al acervo cultural Patrio.


Un grato recuerdo a los maestros
Ramón Bocanegra Carrasco,  Héctor Luján Peralta, Rafael Narváez Cadenillas y Grimaldo Luna Victoria Gutiérrez.





Vale la pena exponer las razones de las menciones y los reconocimientos. En efecto ha quedado claro el motivo que nos llevó abrir esta dedicatoria con el homenaje a Luis Felipe de la Puente Uceda y, seguramente,  los lectores habrán percibido que en el fondo hay una recusación a las tácticas terroristas, como medios para conseguir propósitos políticos o de "justicia social, porque resultan más injustas que las justicias que se pretenden eliminar. El Perú decidió, largo tiempo ha, por el sistema democráticosocial de derecho y ello excluye a salvadores o mesías que se entronizan en el poder y gobiernan como monárcas déspotas y cerrados. 

La dedicatoria a mi descendencia es sólo el anhelo de que las generaciones siguientes tomen conciencia de los significados y los hagan propios, contribuyendo a su realización, como una muestra de consecuencia y de solidaridad.

La mención puntual a mis amigos es la muestra de la pertenencia a una generación que hizo presencia en la lucha por la construcción de una patria que abrigue a todos, por encima de credos y de razas y, desde los predios universitarios y sociales, prestaron su contribución honesta asumiendo riesgos de liderazgo,  enfrentando la violencia y la deshonestidad.    

No podíamos ignorar en un trabajo que quiere llevar por encima de los tiempos el mensaje social a los emblemáticos de la comunicación social,  los que sin pretender adoctrinamientos han procurado siempre llevar las noticias sobre los diversos acontecimientos que hacen la vida de una sociedad organizada. Por eso nuestro homenajes a los Diarios La Industria y Satélite, miembros de una misma familia.

Como sucede en toda colectividad, siempre surgen gentes generosas y de vocación que procuran poner sus esfuerzos para generar y sostener ambientes de cultura que alimenten la mente de las juventudes y afirmen los progresos de los mayores, de modo que se afirmen los afanes de identidad y de universalidad. Ellos sembraron en los campos del Arte Dramático, Musical, Poético y Pictórico, como el de promocionar el conocimiento de las antiguas culturas de la Región.
 
En el caso del homenaje rendimos muy específicamente a nombres de profesionales con el calificativo de maestros, es que en la Academia, siempre surgen nombres que se siembran como emblemáticos y se constituyen en modelos para las generaciones futuras.

Quien sabe si debí incluir algunas biografías y fotografías, pero preferimos el homenaje en mención y dejar para el futuro las precisiones de obras y méritos.

 
  


























































































































viernes, 9 de noviembre de 2012

LA MUJER EN LA PASIÓN DE JESÚS


La mujer en la pasión de Jesús


La redención de la mujer

Es comprensible que en el inicio de la era cristiana, tiempos de colectividades machistas, las mujeres aparecieran en un plano de subordinación y de servicio, ajenas a manifestar su voluntad y menos pretender un plano de similitud con el privilegio de los varones. En las sociedades musulmanas lo son aún. Cristo redime la situación de la mujer y enfrenta a los varones en aquel pasaje de la mujer adúltera, un ardid para acusar a Jesús, pues sabían bien de su sentido de justicia (Juan 8, del 1 al 11). Por cierto que esta reflexión es limitada. Solo quiero presentar lo que, generalmente, por cultura religiosa se conoce. Lo cierto es que no existe, reconocida por la Iglesia Católica, una evangelista mujer. Hay referencias a un evangelio apócrifo gnóstico, atribuido a María la Magdalena, sólo porque en algún pasaje se hace mención a ella como una discípula de Jesús; pero muy al margen de los Evangelios que reconocemos. Lo demás aparece en las ficciones novelísticas o noveleras que son de entretenimiento y nunca de fe.

El dolor de la pasión

Sólo las madres pueden imaginarse el inmenso dolor que sufriera María en el curso de la vida de Jesús y en los álgidos momentos de la pasión. María, bienaventurada mujer que portara en su seno al Redentor y le alimentara con sus pechos (Lucas II, 27-28), fue entregada como madre a la humanidad en la persona de Juan. Juan, el apóstol bien amado por Jesús, pues Jesús, en su condición de hombre, debe haber sentido la angustia de la paternidad frustrada por su propia voluntad y en orden a su misión. María estuvo allí con su hermana, María de Cleofás y María la Magdalena (Juan 19, 25-27). Pero, a pesar de la posición de María, madre de Jesús, no aparece con frecuencia en los Evangelios. Está aquí el mejor testimonio para sentir a la madre de Jesús como nuestra madre.

Las hermanas de Lázaro

Estas dos mujeres se mantuvieron fieles a Jesús hasta el final, según aparece en los evangelios, pues amigas de Jesús, por la amistad con su hermano Lázaro, van a su encuentro para confiarle su dolor por la muerte de Lázaro y a glorificarle, pues al decirle María “si estuvieras aquí, no se me hubiera muerto” era un reconocimiento expreso del poder divino de Jesús sobre la muerte. Fue esta María la que en el banquete en casa del leproso Simón, seis días antes de Pascua, le ungiera los pies de Jesús con perfume de nardo y los secara con sus cabellos. Al día siguiente de ese banquete, fue la entrada triunfal de Jesús montado en un asnillo y recibido por la multitud con palmas y mucho júbilo, pues la multitud se enteró del portento de la resurrección de Lázaro. (San Juan 11, del 1 al 46 y 12, del 1 al 19; San Mateo 26, del 6 al 13 y Marcos 14, del 3 al 9).

Siempre mujeres

En el curso de los dolorosos episodios del apresamiento de Jesús, en el que hay muestras de valentía de Pedro en el huerto de los olivos,  el triste episodio de su negación y el gesto valeroso de José de Arimatea, discípulo de Jesús, quien pidiera a Pilatos la entrega del cuerpo del Redentor para darle sepultura, los demás discípulos, salvo Juan, no aparecen hasta realizada la resurrección, después de recibido el testimonio de María la Magdalena, quien sí estuvo muy atenta a la suerte del Maestro. María la Magdalena aparece como el símbolo de la fuerza del amor sublime, capaz de desafiar todos los riesgos. Sobre estos hechos, puestos en los Evangelios, uno puede deducir cómo la fuerza de ánimo y el valor de María y las otras Marías debe haber influido en los apóstoles para que salieran y enfrentaran al mundo en la situación simple de personas, independientemente de la fuerza insuflada por el Espíritu Santo (San Juan 19, del 25 al 27, del 38 al 42 y 20, del 1 al 18).

Epílogo

No se trata de censurar la posición de los apóstoles, pues era comprensible que en semejante situación de intrigas, injurias, prepotencia y amenazas, trataran de cubrirse por seguridad personal y la de sus familias. Por ello, en esta ocasión de recuerdos de la pasión del Señor, hay que destacar el rol de la mujer como impulsora de las grandes misiones y exaltar que la “inclusión” que aparece hoy como novedad estuvo siempre en la prédica de Jesús, en su doctrina de amor, de comprensión y de justicia, reconociendo y santificando los derechos de la mujer, reformando las leyes de Moisés y dando su vida como expresión de su misión como Hombre-Dios.

sábado, 3 de noviembre de 2012

LAS CONVICCIONES DEL BURRO


Las convicciones del burro

Siempre se nos inculcó un pésimo concepto del burro, asno, piajeno o jumento. No sólo se le señala como un animal de carga, sino como el más natural objeto de castigo. Se nos ha dicho que no hay por qué tenerle piedad por la tanda de palos que le propine su dueño, pues ello será porque así lo merece el animal y todo el que "se porte como él". Cuando el burro ya no sirve para el trabajo, es natural que viejo y matoso se lo sacrifique como alimento para los humanos, de modo que la venta de su carne en algún mercado clandestino o fábrica de embutidos rinda para su dueño el último beneficio de su tenencia. Lo más triste es que a este pobre animal, encima de todo lo que tiene que sufrir, se le adjudiquen una sarta de defectos como falto de inteligencia, terquedad y estúpida sumisión al trabajo. Desde que leí "Platero y yo", de Juan Ramón Jiménez, nació en mí un nuevo concepto del burro. Entonces empecé a interpretar las experiencias de esos animales de un modo diferente.
Buena madre
Algún tiempo estuvimos en eso de la agricultura. A mi padre se le antojó sembrar algodón -pensando en hacerse millonario- y alquiló una chacra o fundo, en las afueras del distrito de Castilla (Piura), hacia el sur. Para llevar la semilla, compró una burra y, como también tenía proyectos para la crianza de estos animales, la adquirió preñada. Al poco tiempo, la burra alumbró un hermoso pollino. Por las mañanas, uno de los peones traía la burra al pueblo, al depósito de semilla y de abonos -no muy lejos del fundo.  Cierto día, el peón tuvo que ir al hospital para una consulta externa, pero vencido ya el medio día y al no regresar el peón, se me comisionó para esa tarea. La burra se había quedado atada afuera del corral y en vez de ponerle la carga antes de desamarrarla, hice esto primero. Apenas si había desatado  el nudo, cuando la burra empezó a correr y yo, junto a ella, tratando de detenerla hasta que, con mucho esfuerzo, pude montarla y, por más palo que le di para detenerla, jalándola de los bozales llegamos al fundo en menos tiempo que Astengo, ese famoso corredor de autos. La burra se detuvo súbitamente, tirándome al suelo y caí, justo en el sitio en el que reposaba el pollino, lánguido y triste, pero a la sola vista de la burra, de inmediato se irguió ansioso prendiéndose de las mamas de su madre. Desde el suelo, adolorido, percibí el rostro de la burra, me miraba entre complaciente y sentida. Había faltado a uno de sus deberes, en aras de ese otro, el natural deber de ser madre, deber al que muchas madres humanas renuncian sólo con el propósito de mantener la belleza de la figura. Terminada la operación "teta", la burra limpió a su cría y le acomodó la cama con la paja que allí había. Entonces, comprendí ese dicho "carrera de caballo y parada de burro", imaginé también porque los hacendados y campesinos de aquellos tiempos solían alimentar a sus hijos con leche de burra negra; pero no comprendí cómo esta especie de la zoología era capaz de mejores acciones de las que muchos de los humanos nos jactamos de tener alma inmortal. Tampoco analicé si eso era: ¿Puro instinto? ¿Terquedad? ¿Estúpida sumisión? Total, las lluvias exageraron, las acequias rebosaron, las aguas se llevaron los sembríos de algodón y perdimos chacra, burra y pollino, quedándonos sólo con varios pagarés insolutos en los bancos y con la pena de la esperanza perdida.
La inteligencia del burro
Esa burra me enseñó a establecer prioridades. Fue mi primera lección de planificación. Tenía conciencia de su deber, pues el que llevara la semilla más tarde no haría ningún daño, pero que dejara de alimentar a su cría, eso sí podía ser fatal para la cría y para ella. El animal prefirió los palos, pero consiguió el objetivo primario, bueno para la burra y para su dueño, pues muerta la cría acabado el proyecto de la crianza de sus semejantes. La burra me demostró que sabía del camino y de sus obstáculos, tan bien fijados no sólo por la rutina, sino por algún mecanismo de aprendizaje eficiente, derivado de una inteligente atención. Por eso alabo ese dicho que reza: "cuando un burro rebuzna, el otro para la oreja" y detesto esa fábula en la que se presenta al burro tocando una flauta por casualidad. Resulta un insulto para el burro que en las escuelas se coloquen sus orejas, hechas de papel o de tela o de plástico, a los estudiantes que no cumplen con sus tareas o se les aplique el apelativo de "burro". Las profesoras y los profesores de las escuelas primarias deben suprimir de su vocabulario disciplinario la palabra "burro" para humillar al alumno que no aprende o que se equivoca o que calla ante la pregunta. Deben admitir el no sé, no estudié, no comprendo y buscar en estas respuestas la sinceridad o la inquietud de los estudiantes para averiguar las causas de su aparente falta de aptitud para el aprendizaje. Se debe, más bien, alimentar ese "instinto de superación" que los seres humanos llevamos dentro de nosotros. Burra, dice algún diccionario, significa "mujer necia e ignorante". Esto debe borrarse de la próxima edición, pues carece de coherencia respecto a los positivos atributos del burro.
Las convicciones del burro
El burro tiene que pagar la escasa actitud y aptitud de análisis de los humanos que no quieren ver más allá de sus narices, de esos que inducen conclusiones de la mera apariencia de los hechos. Si una persona porfía sin razón aparente una determinada posición, le endilgamos el apelativo de "terco como un burro". Se hace difícil entender cómo si pese a los palos que se le propinan al burro que lleva más carga de lo soportable, éste insiste en permanecer echado y cómo no se le ocurre al arriero que el burro también tiene sus razones para ello; tales como la convicción de que lo pesado de la carga, puesta en exceso, es dañino para su salud, para el contrato de flete celebrado por su dueño y hasta para llegar al lugar hacia el que se dirigen; o porque por un mecanismo incomprensible de su instinto ha percibido un peligro existente más adelante. Si el arriero analizara las circunstancias de esa actitud del burro, conservaría por más tiempo su bestia de carga, haría de su trabajo acción más eficiente y eficaz y convertiría a su burro en un socio muy productivo.
Las razones del burro
El burro tiene sus razones que, por desgracia, no tienen muchos seres humanos como los fumadores, los adictos al alcohol o a la droga, los estafadores, los violadores sexuales o de los deberes profesionales o, también, los que quiebran la Constitución y las leyes o que acomodan las normas nacionales o institucionales a su gusto para sus personales propósitos y muchos otros en similar situación. Estos seres humanos, egoístas o codiciosos, insisten en sus innobles e ilegales acciones, no obstante las advertencias y las consecuencias nefastas de sus hechos para el país o las instituciones. No seamos injustos con los burros que en esto son mejores y más comprensivos que los humanos. Borremos del vocabulario la expresión "terco como el burro". Debemos reparar siempre que el burro o la burra tienen sus razones que los humanos no entendemos, pero que debemos respetar por aquello de que respetos guardan respetos.
El sentido del deber del burro
Definimos al burro como una bestia de carga y esa fue siempre la utilidad que dimos a ese animal, hasta que también encontramos que servía como animal de carne -en algunos lugares desde hace mucho tiempo, en otros recién. Pero no sólo el burro es un animal de carga, también lo es el hombre, sólo que la diferencia estriba en que el burro está convencido que para ello nació y el hombre sigue porfiando que el trabajo es la consecuencia del pecado original o de la necesidad de motivar la inversión extranjera, pues ésta vendrá si la gente come poco y trabaja como burro. Cierto, el burro agacha la cabeza, aguanta los palos y, sin derramar lágrima o queja alguna, avanza por el camino ya aplanado o abre trocha donde aún no la hay, como si fuera un experto ingeniero de caminos. El hombre traga su mala suerte y procura superarla con la esperanza que tiempo después percibirá los frutos o gozará la satisfacción del éxito de los suyos, que son su responsabilidad. Si el hombre se conforma con su destino y arrea todo el tiempo sin dejar fruto ni esperanza, entonces decimos que trabaja como burro. Mala comparación. El burro sabe que ese es su destino y lo cumple lo mejor que puede y sus generaciones seguirán la misma suerte, pero si un hombre se resigna con lo que llama su suerte o destino  es un ignorante de las virtudes que el Señor  le concedió y resulta un estúpido conformista, lo que no puede decirse del burro. Alguien ha escrito que una burocracia que no toma conciencia de estar al servicio del pueblo y no se convence que su trabajo debe por ello alcanzar el máximo de eficiencia es una "burrocracia". Infeliz comparación. Una piara de burros trabaja en orden, rinde frutos y pingües ganancias a su dueño. Una manada de burros salvajes vive en una organización respetuosa y se protege de los depredadores, aunque al final resulte vencida por el hombre, pero es ese su destino. Una burocracia inconsciente de sus deberes es causa de todos los males que un país sufre y convierten en lodo o en humo los proyectos más ambiciosos o rentables que presentaron u ofrecieron.
La humildad del burro
No tiene por qué confundirse humildad con sumisión. El burro no es un lambón como cierta especie de individuos. Es laborioso y disciplinado, pero exige su derecho, en cuanto reconoce el límite de sus fuerzas y el abuso de las exigencias de quien considera su amo. El burro no tiene alternativa. Los animales no tienen patrones ni jefes humanos (sí reconocen líderes de su propia especie), sólo saben de explotadores que, a cambio de alimento y de un precario techo, imponen sobre ellos los pesares para los que están ya destinados por la naturaleza. Se aviene humilde a esas tareas, pero muerde, da de coces, rebuzna ante el trato abusivo y responde obediente ante el trato amable. Muy por el contrario de ciertos seres humanos que, pese al maltrato y a las evidencias de prepotencia y humillación, acarician hasta la sombra de su "benefactor", aun a sabiendas que éste los eliminará como material desechable, en cuanto ya no le sirvan para sus específicos propósitos. Es el caso del comportamiento los políticos con sus electores o de los dictadores con sus áulicos.
El burro no sabe de miedos por cobardía. Soporta el castigo con dignidad. El burro no rebuzna para adular, sino para responder al llamado de la hembra cuando es tiempo o para protestar por los abusos, o para alabar  los bienes de la naturaleza. Considero necia la actitud de ciertos pobladores de usar burros para montar en ellos y expulsar de sus comunidades a quienes consideran indeseables, cuando fue el burro, por su humildad, el animal escogido por Jesús para entrar triunfante a la ingrata Jerusalén.
Efectos de la envidia
Esa actitud de achacarle al burro tantos defectos y de desconocer sus virtudes es consecuencia de la envidia de los arrieros, pues es raro que una mujer arriera trate a su burro con tanta desconsideración, sólo lo castiga con una rama de alfalfa o unos palmazos en su lomo. Los varones, por el contrario, solemos castigar al burro con niculas, esas varas de madera maciza y tirándole de los pelos de las ancas hasta arrancarles pedazos de su piel. Lo que sucede  es que ya quisiéramos muchos varones tener  todas las virtudes del burro o cuando menos sólo una de ellas, que eleve nuestro prestigio o nuestro viril  ego; lejos de suspicacias, dignas de mejor causa.

* Del libro SOCIOLOGÍA POPULAR.